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Territorios de la mirada: el cine argentino dirigido por mujeres y un análisis sobre su perspectiva que cambió todo

Por WEC (Ilustrador digital y Periodista) - Del silencio histórico a la conquista de los grandes festivales, las realizadoras argentinas han configurado una gramática visual propia

El cine argentino ya no se puede explicar sin ellas. Durante décadas, la industria cinematográfica nacional fue un territorio de hombres donde la mujer ocupaba, casi exclusivamente, roles delante de cámara o en áreas de asistencia. Sin embargo, ese techo de cristal comenzó a resquebrajarse para dar paso a lo que hoy es una realidad innegable: la vanguardia del cine argentino contemporáneo tiene nombre de mujer.

El rol de la directora en nuestro país ha dejado de ser un fenómeno emergente para consolidarse como el motor de las propuestas más originales, premiadas y disruptivas de los últimos treinta años. Desde grandes directoras o realizadoras audiovisuales como Lucrecia Martel, María Luisa Bemberg, hasta Lorena Muñoz, Lucía Puenzo y más.

Sus miradas han marcado una propia identidad, otra perspectiva de vivir y sentir, y entender el cine argentino. Y también han dejado un mensaje, mucho más profundo y más simbólico que hacía falta. Pero las mujeres en su rol de cineastas o directoras han sabido ganarse ese lugar y dejar una huella. Por eso grandes nombres son parte de la definición misma del cine nacional.

 

Estilos en constante fuga

Las cineastas argentinas han dinamitado la idea de que existe una "temática femenina" única. Sus estilos son tan diversos como sus geografías. Mientras Lucrecia Martel propone una inmersión sensorial donde el sonido narra tanto como la imagen, otras como Paula Hernández o Anahí Berneri diseccionan la clase media con una precisión quirúrgica.

Lo que une a estas narrativas no es un género cinematográfico, sino una libertad estética radical. Existe un desapego por la estructura clásica de Hollywood; en su lugar, prefieren el tiempo dilatado, la exploración del espacio y la construcción de personajes que no buscan la redención, sino la verdad. El estilo de la directora argentina actual es, ante todo, un estilo de observación: la cámara no solo registra, sino que interroga la realidad.

 

La mirada como acto político

La gran revolución de estas realizadoras radica en su mirada. Han corrido el foco de los "grandes relatos" nacionales para centrarse en lo micro, en lo íntimo, entendiendo que allí también se juega el destino de una sociedad. Han puesto el cuerpo femenino en pantalla de formas nunca antes vistas: cuerpos que desean, que envejecen, que transitan la maternidad con ambivalencia o que sufren la violencia sin caer en el victimismo.

El mensaje que subyace en esta filmografía es profundamente político, aunque pocas veces sea panfletario. Es un cine que visibiliza las grietas del patriarcado, que revisita la memoria de la dictadura desde el living de una casa y que cuestiona las jerarquías de clase. Al apropiarse de la cámara, han arrebatado el derecho a narrar su propia historia, desplazando la visión masculina que históricamente las había objetivado.

 

Mensaje político

Históricamente, la identidad de la mujer en el cine fue una construcción "desde afuera". Durante décadas, la pantalla devolvió una imagen femenina moldeada por el deseo, el miedo o la idealización masculina. La gran revolución de las cineastas argentinas contemporáneas radica, precisamente, en el acto de romper ese espejo para empezar a mirar con ojos propios.

Cuando una directora como Lucrecia Martel o Anahí Berneri planta la cámara, no busca "embellecer" la realidad, sino habitarla. La mirada femenina en el cine nacional se ha caracterizado por una subjetividad radical. Ya no somos el objeto observado, sino el sujeto que observa. Esta identidad propia se construye desde la exploración de espacios que antes eran considerados banales o "menores": la cocina, el dormitorio, el susurro entre amigas, el silencio tenso de un almuerzo familiar. Al otorgarles entidad cinematográfica a estos micromundos, las directoras argentinas han politizado lo cotidiano.

 

Identidad y disidencia

Esta nueva identidad cinematográfica no es estática ni complaciente. Es una identidad en conflicto, que se siente cómoda en la ambigüedad. Las directoras argentinas han tenido la valentía de filmar a mujeres que no son "buenas víctimas" ni "heroínas perfectas". Retratan a mujeres contradictorias, a veces crueles, a veces perdidas, siempre humanas.

Esta búsqueda ha permitido que el cine nacional se despoje de los arquetipos de "la madre abnegada" o "la mujer fatal" para dar paso a identidades situadas: mujeres que son atravesadas por su clase social, por el clima asfixiante de una provincia, por las cicatrices de la historia o por el descubrimiento de un deseo que no encaja en la norma.

 

Una selección, 10 directoras

- María Luisa Bemberg: Su coraje para filmar el deseo femenino y la rebeldía social en plena post-dictadura sentó las bases de todo lo que vino después.

- Lucrecia Martel: Es, quizás, la cineasta más importante de la región. Su "Trilogía de Salta" cambió la forma en que el mundo entiende el cine latinoamericano.

- Lita Stantic: Madre del Nuevo Cine Argentino. Como directora y productora, fue el puente necesario entre la vieja guardia y la explosión creativa de los 90.

- Lucía Puenzo: Con una narrativa potente y visualmente impecable, ha logrado cruzar fronteras explorando la identidad, la ciencia y la moral.

- Paula Hernández: Una observadora magistral de la asfixia familiar y los secretos guardados, con una dirección de actores siempre sobresaliente.

- Anahí Berneri: Su cine no teme a la incomodidad ni a la crudeza. Ha explorado la marginalidad y el cuerpo femenino con una honestidad brutal.

- Albertina Carri: Representa el cine más punk y experimental. Sus obras desafían los límites del documental y la ficción para hablar de identidad y política.

- Ana Katz: Ha creado un universo propio donde lo absurdo y lo cotidiano se mezclan, logrando una de las voces más originales y auténticas de la comedia dramática.

- Celina Murga: Con un estilo naturalista y paciente, retrata la infancia y la vida en los márgenes de la gran ciudad con una sensibilidad conmovedora.

- Lola Arias: Artista multidisciplinaria que ha revolucionado el formato documental, haciendo que los protagonistas de la historia real pongan el cuerpo a sus propios recuerdos.

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