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Opinión Por Raúl Gómez Escobar

Milo J y el arte de amalgamar sentires urbanos con su ancestralidad folclórica

Análisis del nuevo material de Milo J, de búsqueda e introspección en 15 nuevos temas que hace viajar e invita a conocer su pasión telúrica.

El camino artístico de Milo J (Camilo Joaquín Villarruel) ha tomado un giro profundo y revelador con el lanzamiento de su disco "La vida era más corta". Este trabajo, que condensa 15 temas y fue presentado el 25 de septiembre, no es solo una colección de canciones, sino una inmersión en sus raíces y una declaración de intenciones sobre la música que lo interpela. Lejos de ser un capricho o una simple experimentación, esta obra parece ser el resultado de una búsqueda auténtica, un reencuentro con un sentir primigenio que se manifiesta en la música folclórica argentina.

 

El eco de la chacarera en Morón

La conexión de Milo J con el folclore no es casual, sino un hilo conductor que se extiende hasta sus orígenes familiares. ¡Su propia respuesta al Chaqueño Palavecino en el canal de YouTube de Mex Urtizberea de Fa! ("Es lo que en cualquier parte del mundo me devuelve aquí") subraya esta sensación de pertenencia. Esta mirada hacia el folclore se cimenta en la historia de su abuela materna, oriunda de Santiago del Estero, quien migró a Buenos Aires buscando un nuevo futuro. Esta historia personal se convierte en gestor movilizador de su viaje y en la materia prima de su disco. Donde el cantautor imprime su voz grave en un tono dulce, cual historia relatada por un abuelo, pero con la fuerza arrolladora de su ímpetu, el de querer ofrecer lo mejor de sí.

La elección de "La pucha con el hombre" de Cuti Carabajal como una de las mejores canciones que escuchó traza un paralelismo con la obra de Pablo Raúl Trullenque: "Eso que él mismo llama felicidad, que si tiene aquí, lo va a buscar allá". Esta frase encapsula la inquietud de Camilo por mirar hacia el origen, hacia esa esencia que, aunque lejana en lo geográfico, está impresa en su ADN y en su sensibilidad artística. La chacarera, la zamba, el bombo y la guitarra criolla se vuelven los ritmos sincopados que marcan el inicio de este nuevo sendero musical.

 

Estética y colaboraciones: Un manifiesto santiagueño

La profunda conexión con el sentir del interior no se limita a lo audible, sino que se traduce en una cuidada puesta visual y estética. El disco y sus videoclips, dirigidos por "Nacho" A. Villar y con guiones de Teresa Carril (directora de "Bajo la piel"), se rodaron en locaciones santiagueñas como Suncho Corral y Villa Atamisqui.

Esta elección no solo aporta textura y misticismo, sino que también honra a referentes de nuestra cultura. En los clips se puede ver a figuras como Juan Saavedra y Sandra Farías junto a sus hijos, "Coquito" Lastra, y la voz de Radamel, un joven cantante de Suncho Corral que participa en la zamba "Para un bohemio guitarrero", redenominada para el clip "Radamel". Estas imágenes de barro, arcilla y rostros reconocidos reflejan un discurso de identidad, leyenda, ausencia, luz y esperanza, que busca responder a la pregunta de quiénes somos y por qué nuestra música nos interpela de esta manera.

Fotograma del videoclip “Bajo de la piel”, Milo junto a Cuti Carabajal.
Fotograma del videoclip “Bajo de la piel”, Milo junto a Cuti Carabajal.

 

La mixtura sentida y la proyección futura

Milo J, un artista urbano de Morón, se ha permitido ser atravesado por una musicalidad gigantesca, dando lugar a una mixtura no forzada, sino sentida. Y en su trabajo "Niño", se habla y se busca, pero también crea un mensaje para aquel que siente y quiere vivir pleno en la sonoridad y los silencios.

En sí, la labor de hacer lo que le dicta su corazón se evidencia en las colaboraciones que trascienden géneros y generaciones:

- "Luciérnagas" junto al legendario Silvio Rodríguez.

- "Jangadero", que, en una especie de fuerza mayor, integra la inconfundible voz de Mercedes Sosa.

- "El Invisible" junto a Cuti y Roberto Carabajal, que puede leerse como un diálogo o un paralelismo con el "Olvidao" de la escena urbana.

Este diálogo entre lo urbano, el folclore y la trova, asistido por la labor de su productor Santiago Alvarado (multiinstrumentista con formación en sonidos folclóricos), demuestra que Milo J se siente libre y acompañado para explorar el amplio espectro de la música que lo apasiona.

La narrativa explícita y la puesta en escena de "La vida era más corta" nos obligan a mirar este trabajo como un hito. La pregunta que queda flotando es: ¿Es consciente Milo J del espectro de visibilidad y sonoridad única que abre para una nueva generación? Al abrazar el vibrar de un bombo, la agudeza de un violín o la nota sostenida de un bandoneón, el joven artista no solo rinde homenaje a sus mayores, sino que también ofrece un puente para que muchos jóvenes se reconecten con "algo más grande que nosotros y que no entendemos".

Como bien lo resume el fragmento de la presentación de Sony Music, "Milo J es un alma con música, con ecos de Santiago del Estero... Lo agarra todo, lo amasa con su tierra, su amor, su barrio, su inquietud...". Este disco es la prueba de que el artista ha elegido madurar su fruta en un terreno fértil y profundamente arraigado. "La vida era más corta" es, en esencia, un emotivo y complejo abrazo entre el presente urbano y el latido eterno del folclore argentino.

Es así que desde los diferentes sabores que se pueden distinguir en este nuevo disco de Milo J. se aprecia que su crecimiento es un bucle en el tiempo, para rescatar lo que le fue legado y que llega con fuerza recalcitrante, como cada nota telúrica otorgada por el tiempo y adquirida por todo lo que su corazón quiere transmitir.

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