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Opinión

El candidato elegido para el futuro que ya empezó

La elección de Mario Benavente ratificó la apuesta del Frente Cívico por la renovación y la continuidad de un proyecto político que busca proyectar una nueva generación de dirigentes de cara a los comicios del 2 de agosto.

La definición del candidato a intendente de la Capital por el Frente Cívico, Ing. Mario Benavente, dejó una señal política clara: más allá de los nombres, el proyecto liderado por Gerardo Zamora ratifica su capacidad de renovación y continuidad. Tras un proceso interno inédito, plural y participativo, la conducción volvió a apostar por una figura que expresa el futuro antes que las estructuras tradicionales. De cara a las elecciones del 2 de agosto, el mensaje es contundente: la vigencia del Frente Cívico no descansa en apellidos ni liderazgos circunstanciales, sino en un proyecto colectivo que se adapta, se fortalece y prepara una nueva generación para continuar transformando Santiago del Estero.

 

Muchos nombres danzaron como precandidatos a intendente de la ciudad Capital dentro del Frente Cívico por Santiago. Fue una espera inédita por la incertidumbre del nombre, pero más aún por un estilo de campaña plural, democrático y confrontativo; detalles que en elecciones anteriores estaban ausentes y donde el candidato se sabía con bastante antelación. Nadie puede dudar de que el espíritu democrático que dejó fluir el máximo referente junto a su mesa de conducción brindó una experiencia de gobernanza interna saludable.

 

Cada uno aportó su propia impronta: desde los esquemas más clásicos hasta la disrupción típica de los nuevos shows mediáticos, pasando por propuestas sostenidas en la capacidad, la transparencia y la creatividad. Por supuesto, la política tradicional—hoy puesta en signos de pregunta por la ciudadanía— también dijo presente. Los imaginarios, las afirmaciones y, por qué no, las fantasías sobre quién sería el candidato oficial circulaban como certezas. Ni qué hablar de aquellos que, ajenos al día a día del armado político, se hacían un festín.

Así, la designación del candidato a intendente menos esperado por la dirigencia, el arco político y la ciudadanía en general generó el debate propio de una democracia en ejercicio. Las reacciones de los dirigentes y del ciudadano común no tardaron en hacerse escuchar: "Nadie lo conoce", "no tiene territorio", "¿para qué lo pusieron?" o "había otros precandidatos mejores"…

 

Hasta aquí, los comentarios son respetables y legítimos; sin embargo, esa primera reacción de desconcierto impidió ver el panorama completo... Todo cambia al ubicar tales dudas en la perspectiva correcta: la de un proceso de madurez política con voces plurales. Se trata de precandidatos de un mismo espacio que disputaron la visión del proyecto político propiciado por la mesa de conducción, una exigencia propia de estos tiempos.

 

Este proceso implica un aprendizaje y genera un vértigo natural en quienes miden la gestión solo por carteles estruendosos y apellidos ruidosos, o en quienes buscaban una alternativa diferente durante la precampaña. Por ello, la novedad no debe sorprender: quienes observamos este proyecto ético, político y colectivo sabemos que nada queda al azar. Gerardo Zamora ha demostrado que no gestiona para la próxima elección, sino para las nuevas generaciones. Su liderazgo tensiona de forma constante el proceso político-cultural de Santiago del Estero, forzando a que lo viejo termine de morir para que lo nuevo pueda nacer; una transformación histórica de la que la oposición es completamente incapaz.

 

La madurez de un proyecto plural quedó demostrada en un proceso interno ejemplar. El Frente Cívico abrió la cancha como nunca antes, permitiendo que todos los sectores se expresaran, habilitando estrategias múltiples y promoviendo una comunicación plural donde cada aspiración electoral legítima encontró su espacio. Esta apertura no fue una puesta en escena; fue la expresión de una fuerza viva y democrática. Por eso, cuando el río de las internas suena, el verdadero conductor no elige al que grita más fuerte, al que acumula simpatías efímeras o al que se luce en pomposas alocuciones en una baldosa del territorio. El conductor elige la pieza exacta que encaja en el rompecabezas del desarrollo urbano.

 

La teoría del "Lienzo Blanco": Por qué el desconocimiento es una virtud. Los politólogos solemos preguntarnos esto para ejemplificar lo que ocurre cuando llegan personajes que "nadie conocía". ¿Se acuerdan de cómo llegó Néstor Kirchner? Que "no venga de la política tradicional" no es una debilidad; es su mayor fortaleza para el proyecto colectivo. En tiempos donde la sociedad exige respuestas técnicas, transparencia y compromiso ético, el candidato del Frente Cívico es un lienzo blanco listo para continuar,corregir y escribir la sintonía fina de la gestión municipal. El territorio no se hereda por portación de apellido; el territorio lo construyó y lo sostiene el Frente Cívico bajo la conducción de Zamora. El candidato no necesita traer su propio territorio a cuestas, porque camina sobre las bases sólidas de un proyecto colectivo que ya transformó la realidad de la mayoría de los vecinos, y ahora va por los que todavía necesitan una mayor presencia comunal.

 

La mística de confiar en el estratega se va acomodando con los días. Si el máximo referente de la provincia puso su mirada en este nombre por encima de las opciones predecibles, es en clave de superación; la de un proyecto ético, político y colectivo al servicio de la comunidad, necesaria para la etapa que viene. La mística no está en el apellido del candidato, está en las banderas del Frente Cívico. El proyecto está en marcha, la previsión está garantizada y la conducción es indiscutible. Es hora de salir a caminar, con el orgullo de pertenecer a una fuerza que sabe renovarse para seguir haciendo historia.

Por Diego Ramos, politólogo.

Diego Ramos Mario Benavente
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