Este año, 2025, fue lo que perdimos, lo que ganamos, lo que aprendimos a la fuerza y lo que decidimos cuidar con las dos manos.
En Argentina, el calendario tuvo olor a calle y a mate lavado, a discusiones en la mesa familiar y a números que, aunque menos estridentes que en el shock inflacionario previo, siguieron marcando el pulso del bolsillo. El INDEC informó que noviembre cerró con una inflación mensual de 2,5% y que el acumulado del año hasta ese mes alcanzó 27,9%.
Es un dato frío; pero detrás hay escenas muy calientes: changas, cuentas por pagar, decisiones pequeñas que pesan toneladas (“¿carne o frutas?”, “¿arreglo la heladera o espero un mes?”).
El debate político también tuvo su capítulo inevitable: el país fue a elecciones legislativas el 26 de octubre, con Boleta Única de Papel por primera vez a nivel nacional.
Y la noche electoral —con sus mapas, sus interpretaciones y sus silencios— dejó una señal: el oficialismo consiguió un respaldo relevante en esos comicios de mitad de mandato. Ya con el cierre del año a la vista, el Congreso aprobó el Presupuesto 2026, el primero votado durante la gestión de Javier Milei, con metas de crecimiento e inflación y el objetivo de sostener el superávit primario.
En la ciudad de La Banda, la segunda en importancia de la Provincia, el gobierno del intendente Roger Nediani hizo un reduccionismo atroz de los sueldos de los empleados y obreros municipales mientras sus funcionarios no dejaban de crecer económicamente, según denunciaron gremios y concejales. En base a lo que definieron "mentiras" y "aprietes", la precarización salarial de miles de familias bandeñas afecta a todo el circuito económico de la ciudad y ciudades aledañas, ya que se consideró históricamente a este enclave como una proveedora de insumos importantes. No hubo un solo gesto de mea culpa del intendente, ni de su gabinete, ni de sus aliados en el Concejo Deliberante.
A nivel provincial, se consolidó el Frente Cívico una vez más como la opción electoral indiscutida del pueblo, consagrando a la gobernación a la fórmula Elías Suárez-Carlos Silva Neder. Gerardo Zamora entregó el bastón de mando a su sucesor y asumió una banca en el Senado de la Nación. Hizo oír su voz cuando votó negativamente el presupuesto nacional 2026 en defensa del federalismo.
Un dato no menor fue la intentona de asumir una banca en la Cámara de Diputados de la Provincia por parte de Héctor "Chabay" Ruiz, confeso abusador sexual con acceso carnal en perjuicio de una mujer que le fue a pedir trabajo en su despacho cuando era intendente de La Banda. Por segunda vez. Y, por segunda vez, la Cámara de Diputados le rechazó los pliegos por inhabilidad moral para ejercer el cargo. Lo espantoso no es solo lo que hizo y de lo que no se arrepiente. Lo horroroso es que su socio político y legislador, Facundo Pérez Carletti, haya admirado "su hombría de bien" en reiteradas oportunidades desde una banca y haya interpelado a la Cámara por la decisión de no permitir que un violador asuma. ¿Sinceridad brutal e inhabilitante o impostura mediática para ocultar otros intereses? La historia lo juzgará.
Dentro del mismo razonamiento, ayer Emilio Rached, ¿te acuerdas?, fue condenado a tres años de prisión en suspenso e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por la Justicia Federal. Rached es socio político de "Chabay" Ruiz, Parnás y Pérez Carletti. Tal vez en algún momento indeterminado del tiempo, la oposición a los oficialismos se ejerza desde Alsina 850, o la Unidad Penal de Varones, que es lo mismo.
Su hija Luciana, hoy diputada provincial, no fue investigada por ser la presunta adjudicataria de una de las polémicas viviendas para "pobres" de la Fundación Pinares (mejor no remover ciertas cosas).
Pero 2025 no fue solamente política y economía. También fue —y esto duele escribirlo— un año de golpes.
Tragedias que nos dejaron sin palabras (y con tareas pendientes)
En marzo, Bahía Blanca se convirtió en sinónimo de agua desatada y de vulnerabilidad. Lluvias extraordinarias provocaron inundaciones catastróficas con al menos 16 muertes y más de 1.450 evacuados, según reportes internacionales.
Y no fue solo “mala suerte”: un análisis difundido después señaló que ese tipo de evento extremo fue más probable e intenso en un clima que se calienta, un recordatorio brutal de que la adaptación ya no es discurso, sino obra pública, planificación, alertas y Estado presente donde hace falta.
También hubo postales de fragilidad urbana: apagones masivos en plena ola de calor en el AMBA, con caos en el tránsito y miles de usuarios afectados.
Esos episodios no son solo “un corte de luz”: son ascensores detenidos, medicación que se arruina, abuelos que no duermen, comercios que pierden el día, escuelas que suspenden, hospitales que tensan sus sistemas.
Y mientras acá intentábamos acomodar lo propio, el mundo siguió viviendo un temblor de fondo. 2025 fue uno de los años más calurosos registrados, con una cadena de eventos extremos —olas de calor, incendios, inundaciones— que dejó claro que lo “anómalo” empieza a volverse rutina.
En noviembre, la cumbre climática en Brasil (COP30) dejó avances y también la sensación amarga de que el paso político todavía no alcanza la urgencia del termómetro.
Y en el plano humanitario, el dolor siguió teniendo nombre propio. La crisis en Gaza ocupó el centro de la agenda global por su enorme costo civil; hacia fines de año, un monitoreo de seguridad alimentaria señaló que ya no había “hambruna” tras mejoras en el acceso a ayuda, pero advirtió que el escenario seguía siendo frágil y con niveles críticos de necesidad.
Hechos memorables: cuando el mundo cambia de página
Entre tantas noticias ásperas, hubo momentos que funcionaron como bisagras de época.
En abril, murió el papa Francisco (Jorge Mario Bergoglio), un hecho histórico para la Iglesia y para Argentina. Y en mayo, el cónclave eligió a Leo XIV (Robert Francis Prevost) como nuevo pontífice.
Más allá de credos, fue uno de esos acontecimientos que reordenan conversaciones íntimas: abuelas que se persignan, jóvenes que preguntan, familias que recuerdan dónde estaban cuando se enteraron.
También hubo memoria colectiva en el deporte: el fútbol global estrenó formato grande en el Mundial de Clubes 2025 y, según FIFA, Chelsea fue el campeón.
Y el calendario cultural se volvió un refugio, con fenómenos locales que empujaron conversaciones sobre identidad, relatos y futuro audiovisual: en Argentina, medios culturales destacaron tendencias y producciones que marcaron el año, incluyendo el eco de “El Eternauta” como fenómeno.
Son hechos distintos, sí. Pero comparten una clave: nos recuerdan que la historia sigue, incluso cuando estamos cansados.
Las alegrías pequeñas, las que no siempre entran en el resumen del diario
El balance real de un año no se mide solo en titulares. También se mide en lo que pasa “abajo”:
- La primera vez que alguien consigue trabajo después de meses;
- El kiosco que resiste con luz de emergencia;
- La familia que se organiza para que a nadie le falte un plato;
- La maestra que compra de su bolsillo;
- El vecino que se arremanga cuando el agua entra;
- El abrazo sin palabras en un velorio;
- La risa inesperada en una fila del banco.
2026: propósitos y anhelos (para que el año no nos pase por encima)
Si 2025 nos dejó una enseñanza, es esta: no alcanza con “aguantar”. Hay que elegir hacia dónde caminar. Y 2026 —que ya asoma— puede ser el año de los propósitos posibles, de las metas que no prometen milagros, pero sí dirección.
1) Volver a poner a las personas en el centro
Que los números no tapen la vida. Que la política y la economía recuerden lo obvio: una sociedad no se ordena solo con planillas; se ordena con dignidad.
2) Cuidar lo esencial: trabajo, educación, salud
Que el “ajuste” no se convierta en costumbre del deterioro. Que 2026 sea el año de discutir en serio productividad, empleo, formación y un sistema de salud que no llegue siempre al borde.
3) Aprender de las tragedias: obras, prevención, comunidad
Bahía Blanca dejó una marca: hay que anticiparse. Infraestructura, alertas tempranas, planificación urbana y también algo que no figura en presupuestos: la cultura del cuidado colectivo.
4) Recuperar la conversación pública
Menos grito, más escucha. Menos “ellos vs. nosotros”, más acuerdos básicos. No para pensar igual: para vivir en el mismo país sin que todo sea guerra cotidiana.
5) Hacer lugar para la esperanza práctica
La esperanza no es ingenuidad: es método. Se construye con hábitos: ordenar gastos, estudiar, emprender, leer, pedir ayuda cuando hace falta, acompañar a quien está solo, votar informado, exigir sin destruir.
6) Soñar en voz alta (sin vergüenza)
Que 2026 nos encuentre con anhelos concretos:
- Que el salario alcance un poco más.
- Que el esfuerzo tenga recompensa.
- Que la inseguridad deje de decidir nuestros horarios.
- Que el mérito no sea excusa para la indiferencia;
- Que el futuro no sea un lujo;
- Que nadie quede afuera por nacer lejos, por tener menos, por pensar distinto.
Lo que queda cuando baja el ruido
El 31 de diciembre no borra el dolor, ni paga las deudas, ni repara lo perdido. Pero ofrece algo valioso: la posibilidad de empezar otra vez con lo aprendido.
Que 2026 nos encuentre menos solos.
Que nos encuentre más humanos.
Y que, cuando haya que elegir, elijamos lo que construye: la empatía, el trabajo, la verdad, el cuidado, el “nosotros” que no se rinde.