#Opinión

| 28/05/2022

Norte Grande, una disputa política y cultural

Por Diego Ramos, licenciado en Ciencia Política, Politólogo y docente

Norte Grande, una disputa política y cultural

Hace un tiempo atrás el presidente de la Nación Alberto Fernández ponía en marcha el proyecto de las Capitales Alternas, cuyo objetivo es la de profundizar la implementación de políticas de descentralización y federalización, acercar la gestión y los asuntos de gobierno a todo el territorio nacional, ¿Cómo poner en marcha un reconocimiento a las identidades de cada provincia en todas sus capacidades de coordinación entre los Estados provinciales y el Estado nacional? ¿Cómo superar  la lógica de ser  un mero alcance simbólico? Es evidente  que las provincias deben constituirse a través de  un rol en la vida política y de gestión a través de un federalismo que contengan un plan de trabajo que aborde problemáticas específicas de cada provincia y las que le son comunes a la región para en conjunto promover la descentralización.

La política, esa posibilidad de pensar y hacer las maneras de vivir juntos y de hacer lo público, de procesar, asumir y diseñar los destinos comunes. Posibilidad postergada, muchas veces cerrada, negada, quitada, excluida, exiliada de las prácticas de las mayorías. Secuestradas por las urgencias, la concentración de las riquezas, la centralización y enajenamiento de las decisiones, nos pone en un tiempo desafiante: la de construir un Norte Grande, CONCIENTE y articulado desde el campo político,  cultural, educativo y económico.

Necesitamos construir ámbitos, espacios que puedan consolidar este proyecto. El desafío  es poder poner en dialogo, en forma - y en nuevas formas- de democracia aquellas prácticas y pensamientos que nos permitan construir sociedades donde todas/os entren. Necesitamos un Espacio NOA plural que facilite la posibilidad de participar, de crear políticas, de estructurar representaciones, de que las personas organizadas o con necesidad de organización que habitan este espacio, estas tierras y en este tiempo tengan posibilidades de ocuparse de su presente y futuro.

Como sociedad precisamos hacer un proceso, una experiencia “pedagógica política” que nos permita colectivamente  de construir la matriz histórica colonial que resignaba a las  provincias del norte a ser  inviables. Necesitamos mirar más amplio, sostenerlo y disputarlo para que este Norte sea Grande. Entonces ¿Podemos decir que el colonialismo pasó? No. En nuestras teorías, debates, relatos y discursos políticos  tenemos que incluir la perspectiva pos-colonial, si de disputar nuevos sentidos políticos- culturales se trata.

Nuestro territorio fue atravesado desde la colonia por dos corrientes culturales: la del Norte y la del Plata. Ambas corrientes ideológicas de corte hegemónico dominante. La corriente del Norte originada en el Perú, perteneció a la época de los Austrias, se radicó por la acción directa de las órdenes religiosas. Esta corriente de espíritu autoritario, se opuso a todo lo que no estuviera de acuerdo con el orden vigente. La corriente del Plata, en cambio, se impuso por la acción de funcionarios civiles donde el fundamento teológico del poder temporal fue remplazado por una concepción más laica del poder civil; fue una repercusión del movimiento renovador de aquel entonces en la época de los Borbones.

Si bien existen marcadas diferencias  entre ambas corrientes, las dos mantuvieron en su esencia las matrices de la dominación; así se entiende que para ambas corrientes, el poder como concepto y como praxis  era sinónimo de dominación, bajo el paradigma de la conquista. No resulta  casual que en este territorio y para las corrientes más “progresistas” las referencias de las emancipaciones fueron siempre la “Europa blanca”,  la del tríptico de la libertad, la igualdad y la fraternidad (Revolución Francesa) que no fueron para todos.

Impregnado por las matrices señaladas, no sorprende que el Estado Argentino incluyera como ciudadanos a aquellos que respondían favorablemente a ciertas condiciones: ser blanco, varón y tener propiedades. Así se fue imponiendo y forjando un federalismo bajo un Estado jurídico mono cultural, descartando al resto de las culturas y recogiendo tan solo una, la que se considera más desarrollada, “pensante”: el puerto de Buenos Aires.  

No hay conocimiento en general, tampoco hay ignorancia en general. Somos ignorantes de un cierto conocimiento, y cuando sabemos, sabemos de ciertos conocimientos, pero no todos: aquí subyace las secuelas del colonialismo.

Hoy existe la voluntad política para fortalecer el NOA desde una racionalidad política más amplia (Norte Grande) en clave de regionalización, en pos de romper las asimetrías y las desigualdades. Estamos en un camino sin precedente y sin vuelta atrás, donde el proyecto político del Norte Grande que preside el Dr. Gerardo Zamora  disputa política, jurídica y culturalmente un nuevo  federalismo del Siglo XXI por más humanidad.

 

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