#Opinión

| 30/07/2021

LA RUTA DEL CRECIMIENTO

Tuve la oportunidad unos días atrás de hacer un viaje en auto y recorrer parte de las rutas de nuestro país. Sigo sorprendiéndome como la primera vez con las grandes extensiones de tierras con animales, plantaciones y la cantidad de camiones que cruzamos.

LA RUTA DEL CRECIMIENTO

Nuestras rutas en tramos planos, con sus curvas y contracurvas, con tramos de mucho tráfico y poco tráfico. Los diferentes paisajes, montañas, zonas áridas, otras más frondosas. La cantidad de pueblos al costado de la ruta. La gran extensión de kilómetros que nuestro país tiene en general.

Aquella primera vez que salí a la ruta y tuve cierta conciencia de la realidad, con mi padre al volante como era la costumbre familiar; me repetí internamente: “tenemos todo para ser una potencia mundial”

Y como aquella primera vez, ahora explícitamente le repetí a mi familia lo mismo: “tenemos todo para ser una potencia mundial”

Una cosa es hablar de los recursos, industrias, comercios y otra es ver parte de estos en pleno esplendor.

Pero con certeza, no basta con solamente tener los recursos. Eso sin duda significa una parte importante de la batalla hacia el crecimiento económico; pero como decimos los economistas, “es condición necesaria; pero no suficiente”.

¿Por qué?

Los países definen la forma en que la economía se organiza institucionalmente para resolver la asignación de los recursos escasos que eligen para alcanzar los distintos fines u objetivos alternativos que tiene una sociedad determinada.

Existen diferentes sistemas económicos. Cuando el estado es el dueño de los recursos y a su vez define unilateralmente cómo se asignan estos en la economía decimos que es un “sistema económico centralmente planificado”. 

En el otro extremo tenemos un sistema económico donde los recursos son cien por cien propiedad de los agentes privados y los mismos son asignados para producir distintos bienes y servicios, por el sistema de precios que surge de la libre interacción de la oferta y la demanda. Este último sistema económico se llama “Capitalismo de Mercado”.

Los precios reflejan la valoración que la sociedad asigna a los diferentes bienes y servicios. Las actividades valoradas por una sociedad captarán más recursos respecto de aquellas que no lo son.

Como la valoración que da la gente se modifica por distintos motivos a lo largo del tiempo, la misma no es estática ni constante a lo largo de los años. El Estado intervendrá en situaciones muy puntuales que no pueden ser resueltas eficientemente por el libre mercado.

Y entre ambos extremos existen los llamados “sistemas mixtos” que pueden tener más condimentos de uno u otro.

La posibilidad de expresar en forma libre la voluntad de cada ciudadano de comprar o vender un cierto bien o producto y el resultado de esta interacción, facilitan que los incentivos funcionen de una forma más clara ya que estos no están distorsionados por la intervención innecesaria del estado en un mercado específico.

El resultado de lograr los objetivos que nos planteamos (en forma individual, laboral, empresarial y familiar) superando los obstáculos, tiene un sabor muy diferente cuando surge a partir de nuestro esfuerzo personal.

Sino, pensemos en cuanto nos costó poder conseguir nuestro primer trabajo, o poder estudiar, o participar de alguna competencia en ese deporte que para la que entrenamos tan duro.

Hablé arriba de intervención innecesaria del estado. Se preguntarán entonces qué es una “intervención necesaria” del estado.

Uno de los roles del Estado en un sistema capitalista consiste justamente en brindar un marco de leyes e instituciones que permitan y faciliten la autosuperación. Y para aquellos que parten de situaciones iniciales desfavorables, tanto familiares o sociales, asegurar las posibilidades de educación y salud para poder ponerse en carrera a la altura de los más favorecidos.

El paternalismo del Estado, la intervención innecesaria en los mercados y la distorsión de incentivos no generan posibilidades de crecimiento, al contrario.

Entiendo desde mi visión que parte de la respuesta al por qué no somos una potencia tiene que ver con el esquema institucional que tenemos como Nación.

Espero que en algún tiempo no muy lejano cuando salga de nuevo a la ruta, pueda claramente decir que estamos en camino ya de ser una potencia mundial.

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