Una innovadora —y polémica— herramienta de defensa contra agresiones sexuales volvió a generar debate a nivel internacional. Se trata del Rape-aXe, un dispositivo creado por la médica sudafricana Sonnet Ehlers, que funciona como un preservativo femenino diseñado para activarse en caso de violación.
La idea surgió hace más de 40 años, cuando una víctima de abuso le expresó a la doctora un deseo desesperado: “Ojalá tuviera dientes ahí abajo”. A partir de ese testimonio, Ehlers comenzó a trabajar en un método que pudiera brindar protección a mujeres en contextos de alto riesgo.
El dispositivo consiste en una especie de condón interno de látex que se inserta de manera similar a un tampón. En caso de una agresión, el mecanismo interno —compuesto por pequeñas hileras de ganchos— se adhiere al pene del atacante, dificultando su retirada y obligándolo a buscar asistencia médica, lo que facilitaría su identificación.
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Para su desarrollo, Ehlers trabajó junto a ingenieros y ginecólogos, e incluso consultó a personas condenadas por delitos sexuales, quienes —según la propia creadora— admitieron que un dispositivo de este tipo podría tener un efecto disuasorio.Sin embargo, la iniciativa no está exenta de controversias. Algunos especialistas y organizaciones la calificaron como una medida “medieval” y cuestionaron sus implicancias éticas y legales. Frente a esas críticas, Ehlers respondió: “Puede ser medieval, pero está pensada para enfrentar una práctica que también lo es”.
El invento cobra especial relevancia en Sudáfrica, donde las tasas de violencia sexual figuran entre las más altas del mundo. En ese contexto, muchas mujeres buscan alternativas para protegerse ante situaciones extremas, reavivando el debate sobre prevención, justicia y seguridad.
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