Hay nombres que en Santiago del Estero no se pronuncian en vano, y el de Jacinto Piedra es, quizás, el que más resuena en el viento de salitre. Este 2026, tras haber consolidado una identidad propia y recorrido escenarios de la talla de Baradero, Franco Ramírez sintió que el círculo debía completarse. No desde la deuda, sino desde una “responsabilidad emocional”. Así nace “Te voy a cantar un sueño”, un disco que no busca ser un museo de cera, sino un incendio renovado.
El peso de una herencia que se hace presente
“Creo que no fue casualidad que haya sido este 2026”, reflexiona Franco con la mirada puesta en el camino recorrido. Para el artista, el tiempo de maduración fue vital para no caer en la simple copia. “Sentí que estaba listo para dialogar con Jacinto desde un lugar honesto, no desde la imitación”.
Para Ramírez, la figura de Jacinto sembró una forma de decir y cantar Santiago que hoy, más que nunca, necesita ser “reactivada y puesta en circulación”. No se trata de un tributo estático; es la necesidad de que esa raíz siga viva y palpitando en el presente convulsionado que nos toca habitar.
Un mapa emocional: Más allá de los “Grandes Éxitos”
El proceso de selección de las obras fue, según Franco, “profundo y visceral”. Si bien el disco contiene pilares del ADN cultural como la canción homónima, el artista se propuso un objetivo más ambicioso: rescatar aquellas joyas menos transitadas, esas piezas que por diversas razones no llegaron con fuerza a las nuevas generaciones.
“El criterio fue emocional antes que estratégico. Elegí las canciones que me atravesaban, las que sentía que podía habitar desde mi propia historia”, confiesa. El resultado no es una recopilación comercial de éxitos, sino un recorrido narrativo que invita al oyente al descubrimiento de un Jacinto más íntimo y, quizás, más humano.
Uno de los puntos más disruptivos del disco es su arquitectura sonora. Junto a la producción de Rulo Godar, Franco evitó la trampa de la nostalgia sonora. “Jacinto ya fue vanguardia en su momento, entonces repetir eso tal cual sería traicionarlo”, explica con lucidez.
El disco propone una fusión orgánica: la raíz folklórica dialoga sin miedos con lo urbano y lo contemporáneo. Hay bombos y guitarras criollas, pero también hay capas de ambientes, texturas y decisiones sonoras que traen la mística de los 80 al 2026. “Si Jacinto estuviera hoy, probablemente también estaría buscando nuevos sonidos”, arriesga Franco, justificando así la experimentación respetuosa que atraviesa todo el álbum.
Cantar en tiempos de urgencia
Para Franco Ramírez, volver a Jacinto en este contexto de Argentina y del mundo —marcado por la individualidad y los conflictos bélicos internacionales— es un acto de resistencia. “Jacinto hablaba del hombre, de la tierra, de las injusticias... y todo eso hoy sigue siendo urgente. No es nostalgia, es actualidad”, enfatiza.
El legado, al final del día, es para los jóvenes. El sueño de Franco es simple pero poderoso: que este disco sea el puente para que un pibe de 15 años se ponga los auriculares, escuche estas nuevas versiones y sienta la curiosidad de ir a buscar quién fue ese hombre que cambió la forma de cantar al pago. Si Jacinto vuelve a sonar en los dispositivos de la juventud, el sueño de este disco estará cumplido.
Mística en el estudio: El encuentro de las voces
Durante las sesiones de grabación, la carga emocional fue casi tangible. Franco relata momentos de un silencio sepulcral tras algunas tomas, como si algo quedara flotando en el aire del estudio. “No sé si lo explico como algo místico, pero sentí que la obra tenía vida propia y uno simplemente se ponía al servicio de eso”, describe al recordar la grabación de temas como “Nuevo” o “La Mamá Naturaleza”.
Pero el alma del disco termina de completarse con sus invitados. La presencia de Peteco Carabajal, Raly Barrionuevo y el Dúo Coplanacu —quienes compartieron gran parte de la vida con el “Jashi”— le da un sello de legitimidad único. Sin embargo, el momento más estremecedor ocurre con la participación de los propios hijos de Jacinto. Según Franco, hay pasajes donde la genética hace lo suyo: “Creo que canta Jacinto en la voz de sus hijos”.