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La Provincia #Cultura

Juan Vucetich, un argentino que dejó su huella en la historia del mundo

Argentina fue el primer país en el mundo en depender únicamente de las huellas dactilares como método de identificación.

Hoy se conmemora el Día Mundial de la Dactiloscopia y del Criminalista. Esta se escogió en honor a la fecha en la que  Juan Vucetich realizó las primeras fichas dactiloscópicas del mundo, dándole importancia única a los signos o rastros biológicos de los seres humanos al momento de recabar pruebas.

 

“Dios pone un sello en la mano de todos los hombres para que cada uno conozca sus obras”, decía el antropólogo y policía Juan Vucetich.

 

Está práctica, hoy resulta clave para “ponerle nombre y apellido” a quienes cometen delitos o de quienes se desconoce su identidad.

 

Nuevo Diario se comunicó con Eduardo Rodini, Lic. en Criminalística empleado del Gab. de Cs.  Forenses del MPF, para hablar sobre la temática.

 

El Lic. expresó: “Lo que él hizo fue resumir las figuras dactiloscópicas que había y los separó en cuatro tipos fundamentales de figuras para poder reducirlo o iba a ser un trabajo mucho más arduo la identificación de personas”, desarrolló.

El patrón de la huella dactilar se puede clasificar en cuatro tipos, estos son: lazo; arco; espiral; compuesto.

 

“En policía científica se ve lo que se llama levantamiento de rastros papilares (dactilares, palmares y plantares). La huella dactilar es, por ejemplo, cuando uno va al registro civil y a uno le toman de forma voluntaria dactiloscopia o cuando uno, por algún tipo de causa penal, también se utiliza en el caso de personas no videntes, que por ahí no saben o no están acostumbrados a firmar, entre otros”, detalló e inmediatamente agregó, “luego al dato se lo pone dentro de lo que seria la ficha de decadactilares”, dijo.

 

Las huellas dactilares se definen alrededor de la décima semana de gestación, y permanecen inalterables durante toda la vida. De hecho, si la piel de las yemas de los dedos sufre algún daño, la huella del dedo se vuelve a regenerar en función de su patrón original.

 

“Primero, se hace una observación con algún tipo de linterna tratando de ubicar una huella o rastro el cual podría ser revelado con polvos físicos (que se adhieren a los residuos acuosos y grasos que contiene la huella). Se puede polvorear sobre la superficie de un vaso o algún tipo de arma, con el propósito de revelar esa huella, y una vez revelada se la levanta con cinta transparente y se la lleva al laboratorio”, manifestó el Lic. Rodini Eduardo.

 

“Una vez en el laboratorio lo que se hace es cotejar, por ejemplo, tenemos una persona sospechosa de un delito, se le toma las huellas y se compara la suya con la recolectada”, enunció.

 

 

¿Por qué cada persona tiene una huella distinta?

Viene definida por un componente genético y otro físico, basado en el resultado de pliegues generados por acción de campos de fuerza elástica, no lineales, que se producen en la capa basal de células que existe entre la dermis y la epidermis durante el desarrollo gestacional. Incluso los gemelos monocigóticos —aquellos que tienen el mismo genoma debido a que se producen a partir de la división en dos de un solo óvulo fertilizado por un único espermatozoide— tienen huellas diferentes.

“Esta práctica se lleva a cabo en cualquier tipo de causa criminal, ya sea homicidios, suicidios, robos. De todas formas, no siempre puede quedar impresa la huella. Algunas superficies no son aptas; no es que uno va a tocar un elemento y va a quedar. Si una queda impresa en una superficie lisa, pulida, esta va a ser mejor y más apta para lo que se la necesite. Para poder comparar y realizar una identificación debe estar completa, ser nítida, bien levantada”, explicó. 

 

¿Se puede contaminar?

 

“Sí, existe algo llamado huella dubitada; elemento de prueba del cual se tiene duda sobre su autenticidad, origen o autoría”, desarrolló el profesional.

En 1892, se dispuso que esta técnica se utilizaría para investigar asesinatos y fichar a personas con antecedentes.

A los pocos meses, gracias a esta normativa, se pudo identificar a una mujer que había matado a sus dos hijas en la ciudad de Necochea. Eran los hijos de una mujer llamada Francisca Rojas los que habían sido asesinados, y ella misma había señalado como responsable a un hombre al que había rechazado como marido. Los agentes de policía no lograron arrancarle una confesión al sospechoso aun sometiéndolo a torturas, así que se pusieron a investigar a fondo y encontraron una huella ensangrentada en una puerta. Al cotejarla, descubrieron que la asesina no era otra que la madre; que, ante la evidencia, acabó confesando.

La policía no tardó en adoptar oficialmente el Sistema Dactiloscópico Argentino, como posteriormente se conocería, lo que convirtió al país en el primero en depender únicamente de las huellas dactilares como método de identificación.

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