Un enfermero de 51 años de edad encontró un desenlace verdaderamente macabro durante la noche de este último miércoles, al ser descubierto sin vida, y con una jeringa directamente clavada en el abdomen, por una horrorizada compañera de guardia en el área de emergencias del Hospital Interzonal General de Agudos de la ciudad de La Plata.
El reloj marcaba las horas silenciosas del turno nocturno cuando la trabajadora ingresó al temido "shock room", esa sala reservada exclusivamente para los casos extremos. Allí, tendido boca arriba y sin ningún tipo de reacción, yacía su compañero. A escasos centímetros del cuerpo, que presentaba el escalofriante detalle del insumo médico incrustado, descansaban dos puntas de ampollas rotas, un cuadro de terror que activó de inmediato todas las alarmas policiales.
La fiscal Romina Díaz tomó las riendas de este intrincado expediente, caratulado preventivamente como "averiguación de causales de muerte". Los peritos de la Policía Científica acordonaron el lugar y peinaron cada milímetro de la sala, confirmando un dato que vuelve todo aún más oscuro. El cuerpo no presentaba el más mínimo signo de violencia, y el ambiente estaba completamente intacto, descartando en principio la irrupción de un tercero.
Frente a este mar de dudas, los investigadores comenzaron a tomar testimoniales a todo el personal. En esos pasillos, comenzó a correr el fuerte rumor sobre un presunto antecedente de consumo de sustancias por parte de la víctima, una pista que la Justicia no descarta pero que maneja con suma cautela.
Ahora, la verdad absoluta descansa en la fría mesa de la morgue, a la espera de que la autopsia revele qué líquido contenía esa jeringa letal y cómo fueron los últimos minutos de vida del profesional.