Por Dalton Sayago
La muerte de Omar “Coo” Antonio, conocido por su alegría, su güiro siempre en mano y su amor por la guaracha, provocó una fuerte reacción en la comunidad santiagueña. El querido artista callejero fue despedido con música, emociones y muestras de cariño que reflejaron el profundo afecto que supo despertar durante años. Sin embargo, su partida también generó una reflexión colectiva en redes sociales sobre el modo en que muchas veces fue tratado y expuesto.
Durante el velorio, su hermana Miryam compartió que fue una ceremonia emotiva, acompañada por músicos y locutores que quisieron rendirle homenaje. Ale Guillén, César Mansilla, Raúl Villalva, Esteban Concha, Luces Mendieta y Beso Gallo estuvieron presentes en una despedida cargada de respeto y sensibilidad. La música que tanto amaba "Coo" sonó una vez más, entre aplausos espontáneos y lágrimas sinceras.
Pero fuera de ese círculo íntimo, una parte de la comunidad virtual comenzó a cuestionar el papel de las redes sociales en la vida de Coo. En diversos posteos se recordó cómo, más allá del afecto genuino que muchos le tenían, fue también víctima de la burla disfrazada de “ayuda”.
Según esta reflexión, muchos de los chistes que él repetía, o algunas de sus actitudes más atrevidas, no surgían de él mismo, sino que fueron enseñadas y estimuladas por otros que lo alentaban a actuar de esa manera, siempre con una cámara delante. Pero cuando Coo fue protagonista de alguna conducta que generó polémica o críticas, esos mismos que lo filmaban desaparecieron y él quedó completamente solo.
“¿Habrá tenido algo que ver cómo todo el mundo le dio la espalda a un discapacitado que usaban de payaso?”, se pregunta otro comentario, que refleja un sentimiento compartido por muchos.
La discusión no termina ahí. Usuarios también advirtieron que el patrón se repite: "Hoy tienen payasos nuevos. Siempre personas vulnerables, con problemas de salud mental… y siguen filmando inocentes, enseñándoles a decir chistes sexuales, a pelear, a tomar", denunciaron.
La historia de “Coo” deja en evidencia una deuda social pendiente: la necesidad de tratar con respeto, cuidado y dignidad a quienes se encuentran en situaciones de fragilidad. La viralidad no justifica la exposición humillante ni la utilización de personas vulnerables como entretenimiento.