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El ojo que no descansa: Gran Hermano regresa hoy, entre su mutación a la nueva TV y las narrativas en multipantallas

Por WEC (Ilustrador digital y Periodista) - El reality más famoso del mundo regresa, pero no es el mismo que conocimos; nosotros, los espectadores, tampoco lo somos

A lo largo de 25 años, diferentes generaciones y públicos han consumido el formato más polémico y centro de críticas de la televisión argentina y, en general, también el llamado “padre de los realitys”. Hoy vuelve una nueva edición de Gran Hermano por la pantalla de Telefe y, obviamente, por distintas plataformas de streaming que estarán al pendiente de este inicio, bajo el nombre de “Generación Dorada”. Mucho se ha hablado y comentado, ha habido teorías, especulaciones sobre quiénes iban a ser los participantes, si iba a haber algunos famosos o celebridades en el staff; incluso se habló de que iba a ser como una especie de “Superliga”, edición especial de competencia entre campeones o entre los participantes más destacados de todas las ediciones anteriores.

La primera vez que vi este programa fue cuando tenía unos 12 o 13 años, y estaban nominando a los participantes en un cuartito pequeño, mirando a cámara y donde cada uno explicaba los inconvenientes de convivencia que tenían. Era la edición donde ganó Viviana Colmenero. En ese momento, no entendía cómo podían grabar en la casa de unos jóvenes que vivían todos y eso se convertía en: “Cualquier cosa puede pasar”. Con el tiempo, el formato, las reglas, los perfiles y los intereses de la audiencia han ido cambiando.

Para entender este fenómeno, hay que retroceder a 1999. El formato nació en los Países Bajos, creado por John de Mol, bajo una premisa casi orwelliana: un grupo de desconocidos aislados y vigilados las 24 horas. A la Argentina llegó en marzo de 2001, un año marcado por la crisis social y política. En aquel entonces, la televisión era el centro gravitacional del hogar; no existían las redes sociales y el concepto de "fama instantánea" era una anomalía que Soledad Silveyra bautizaba con su icónico "adelante, mis valientes".

 

Del furor a lo bizarro

El impacto fue total. El país se paralizó con la final de Marcelo Corazza y, años más tarde, con el fenómeno de Marianela Mirra en 2007. Pero el formato, para no agotarse, mutó. Luego se presentó una edición de “Gran Hermano Famosos”, donde vimos de todo, desde Amalia Granata haciendo sus necesidades en pleno patio y piso de césped, hasta los insultos y autolesiones de Nino Dolce, las crisis en vivo de Lissa Vera o Cinthia Fernández, una edición que sirvió para hacer reingresar a la casa a Diego Lonardi, quien quedó en el umbral del podio y del gran premio en la edición anterior, con una estrategia de su compañera Marianella Mirra que la coronó como ganadora, usando la famosa “espontánea”.

Vimos cambios de reglas extremos, ingresos sorpresivos y versiones que rozaron lo bizarro en el mundo: desde ediciones con celebridades olvidadas hasta formatos internacionales donde los secretos familiares o las exparejas eran el motor del encierro. El primer quiebre fue el del 2007, con un “plot twist”, de la “traición” de Marianella Mirra a Diego. El segundo fue en la edición de 2011, donde Cristián Urrizaga se coronó campeón, haciendo de la autonominación un “arma mortal” contra sus contrincantes. El tercero fue, sin dudas, el primero de esta nueva era donde conduce Santiago del Moro, del año 2022, ejemplo claro del rol que tomaron las redes sociales. Gracias a las cuales se estableció el “shipeo” entre Marcos y Juli Poggio, que les permitió a ambos llegar entre los tres mejores.

Gran Hermano demostró que, mientras hubiera conflicto, el juego podía estirarse hasta el infinito.

 

El desafío de la maquinaria técnica

Detrás de los "hermanitos" existe una bestia de producción. El programa pasó de la conducción empática de Soledad Silveyra a la mirada sagaz y periodística (de chimentos) de Jorge Rial, llegando a la actual era de Santiago del Moro, quien le dio un ritmo de showman moderno.

En lo técnico, GH es una proeza: cientos de micrófonos, cámaras robóticas y un ejército de editores que deben construir una narrativa diaria en tiempo real. Es, literalmente, la construcción de una telenovela, en vivo y directo. Con personajes-personas que solo buscan una cosa: ser famosos. No tanto ganar el premio del dinero, sino ser reconocidos, porque eso significa ya una riqueza. Hoy el sentido de la riqueza y el poder está asociado con cuántos seguidores y personas te ven en redes sociales.

Porque las mismas han pasado a ser otros escenarios, otros espacios donde la narrativa sigue. Podríamos decir que la narrativa central u oficial del juego o la competencia se plantea en la TV tradicional, donde se ven las famosas “galas” que, de la última edición a esta, pasaron a ser de lunes a jueves y hasta viernes y domingos. Las “galas”, en su momento, eran los programas centrales que se daban dos veces por semana, un lunes y un jueves o, en las últimas ediciones, un domingo y un miércoles, para la eliminación y las nominaciones, respectivamente. Pero la dinámica que se presentaba en esos programas se volvió necesaria y se extendió de lunes a viernes, sumando el domingo. En el marco de las mismas se dan los debates donde analistas opinan sobre lo que sucede en la casa, luego las noches de fiestas especiales donde exparticipantes opinan. Y luego está el relato alrededor, en las redes sociales, que se alimenta de eso y de otro jugador central: los programas en streaming, donde exparticipantes, invitados y hasta periodistas se reúnen para “reaccionar” a los programas vivos, hacer las previas o los análisis postprogramas. Todo eso captura al espectador. Ese es el objetivo.

 

Sociología del encierro

Aquí reside el punto más profundo de este análisis. Gran Hermano desdibujó para siempre el límite entre la vida pública y la privada. Hoy, los participantes entran sabiendo que no solo compiten por un premio, sino que están construyendo una "marca personal". En la era de la Generación Dorada, el sujeto se convierte en mercancía de la industria del entretenimiento.

Desde la edición de 2011, el rol de las redes sociales cambió el ADN del juego. Ya no se trata solo de lo que vemos en la gala de Telefe; el juego se disputa en Twitter (X), en los clips de TikTok y en las transmisiones 24 horas por streaming. El "ojo" ya no es solo la producción, sino millones de usuarios que juzgan, cancelan o endiosan en segundos.

Este lunes, Gran Hermano vuelve a abrir sus puertas. Veremos caras conocidas y nuevas ambiciones, pero el verdadero experimento sigue siendo el mismo: observar cuánto estamos dispuestos a entregar de nuestra intimidad a cambio de un minuto de gloria en el altar de la televisión argentina, o mejor dicho, de la nueva narrativa transmedia, que son las multipantallas.

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