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| 25/11/2021

A un año de la muerte de Diego Maradona

A partir del fallecimiento del astro argentino, fueron cientos de miles los mensajes emotivos que se publicaron para homenajearlo.

A un año de la muerte de Diego Maradona

Por Olé.- El corazón de Maradona. Hay uno que dejó de latir hace exactamente un año, en ese mediodía que todos recordaremos por siempre, en el que sabemos exactamente qué estábamos haciendo en el momento en el que la noticia nos dejó paralizados. Incrédulos. Pero el verdadero quore de Diego, ése que bombea aún más fuerte desde su partida, está en el pueblo. ¿Sabés por qué me late el corazón? Ho visto Maradona, enamorado estoy.

Es cierto, hay un nuevo mundo sin Maradó. No lo vemos con esa caminata típica, lenta, pero con la mirada fija. No lo escuchamos en una entrevista tirando más frases célebres. Y, lo peor, es que sabemos que no tendremos nada más de eso. Pero este mundo redondo como una pelota no se olvida del Diez. Al contrario, parece que con su muerte, la leyenda, que ya lo era, se hizo aún más grande, más mágica, más grande. Enorme.

Este 25 de noviembre se llenará de homenajes. Algunos -pocos- se dieron en vida, como cuando pisó los estadios de su país y recibió ovaciones, banderas y hasta sillones. Otros más aparecieron post muerte, con murales por todos lados (todos lados, repito), tatuajes (más aún, siempre la personalidad más pintada en la piel en la historia de la humanidad), series, documentales, obras de arte, infinidad de recuerdos. Camisetas de sus clubes y de otros también. El abrazo de hinchas de Boca y de River. También está la "doble camiseta", ésa que mostró Lionel Messi en el Camp Nou o Carlos Tevez en Porto Alegre. Y acá aparecen dos nombres propios muy vinculados a Diego, quizás esos dos que más lo definen: la zurda mágica, el mejor homenaje en vida que puede tener el Diez, y el pueblo, el corazón xeneize.

Hay una causa, investigación de por medio, acusaciones, audios que duelen desde los oídos al alma, mil preguntas y algunas respuestas. Hay mucho camino por recorrer en el ámbito judicial, con sus herederos (los cinco hijos) de un lado y el famoso entorno (Morla, médicos y demás) del otro. Hay ruido donde debería haber paz. Pero eso fue y es Maradona. La conjunción de dos mundos paralelos que tiran paredes o se pegan patadas en el medio de la cancha. Pero más allá de esa batalla, la herencia no es el dinero ni la marca del nombre: lo que dejó Diego va más allá, es una marca, sí, pero en el alma y en el corazón, que por momentos duele al pensar que no está más, pero en el otro sonríe al recordarlo gambetear.

Desde el cielo nos va a alentar. Allá, con Don Diego y Doña Tota, Pelusa se alegró por la Copa América en manos de Lío -como él le decía-, seguramente cambió de opinión sobre Scaloni (porque eso también era parte de su ser, modificar manera de ver, tener la humildad de aceptar que podía fallar) y ya debe estar ansioso, con “la camiseta tatuada” de cara al Mundial de Qatar.

¿Murió porque la naturaleza así lo quiso? ¿Lo dejaron morir? ¿Se cansó de esta vida y decidió irse con sus padres que tanto extrañaba? ¿Es homicidio doloso? ¿Quién nos responderá todo esto? ¿A quién se le escapó la tortuga? Las primeras pericias van por el lado de la mala praxis. Y si fue así, que se haga justicia. También para el destrato y otro tipo de “mala praxis”, ésa que es difícil de comprobar pero que se ve hasta con los ojos vendados. Los fideos y los habanos ya no tapan el bosque, aunque lamentablemente por años lo hicieron.

Hay algo que nos llena el espíritu, al menos a quién escribe estas líneas y otros tantos maradonianos: esos días del Diego técnico del Lobo al que se le llenaban los ojos de amor en La Plata, Córdoba, Rosario, Mar del Plata, el Ducó y, justo por última vez, en la Bombonera. Una mezcla de veneración y celebración en vida, que continúa en estos días, con la Liga Profesional empujando más homenajes de Diez. Ver a los jugadores formando el mítico número en el medio de la cancha genera algo fuerte. El nudo en la garganta, presente.

Su corazón era enorme. Y no solo por lo que dice la ciencia, que comprobó que era más grande de lo normal, más aún que el de un deportista de elite. Sus compañeros en Selección y en clubes aportan día a día más pruebas que confirman que Diego era el verdadero capitán. El de la cinta, la mano, el barrilete y la Copa. La justicia en el puño y la rebeldía de la zurda al mechón.

"Diego no se fue, Diego está continuamente. Todos sabemos que él sigue estando, sigue hablando como si estaría. Es la leyenda y las leyendas no se van, quedan para toda la vida", le dijo el Vasco Olarticoechea a Olé en la previa al primer aniversario sin Maradó. Es un pensamiento común, tanto de los campeones del 86, como otros compañeros que tuvo. Si para ellos es “leyenda”, ni hablar para nosotros, mucho más terrenales.

Pasó el primer año sin Diego. Muchos empezamos a contar la vida desde ahora. Porque la otra, la que fue con Maradona, ya no es. "Ojalá no se termine nunca este amor que me tienen”, nos pidió una vez. Nuestra obligación es cumplirle ese deseo. No nos cuesta nada, al contrario, nos hace aún más fuerte. “Solo se muere cuando se olvida”, pregonan en el Día de los Muertos en México, la tierra que lo hizo mito. Entonces nunca se va a morir porque nunca lo vamos a olvidar.

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