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#Opinión

| 12/04/2021

Corran por sus vidas, si pueden

Mientras un volcán en el caribe amenaza con exterminar toda forma de vida a su alcance, la salvación se extiende solo a unos pocos afortunados. Del resto, el destino decidirá.

Corran por sus vidas, si pueden

 Saint Vincent es una idílica isla caribeña con una población aproximada de 110.000 habitantes y un paraíso para los turistas que desean visitar sus típicos paisajes montañosos coronados por grandiosos volcanes que se extienden alto hacia el cielo hasta donde la vista puede alcanzar. 

El paisaje está rodeado de las más maravillosas playas y aguas del planeta, que hacen las delicias de todos los que pueden disfrutar de esa calidez que envuelve la piel de los bañistas que llegan a través de los cruceros más caros y lujosos existentes en la actualidad. Pero no todo es calma en este paraíso natural ya que en nuestra isla se encuentra el activo volcán “La Soufrière” que entró en erupción una vez más el viernes 9 de abril luego de un sueño de más de cien años. 

Mientras la primera explosión obligó a las autoridades a decretar la evacuación forzosa de gran parte de los poblados cercanos al volcán debido al inminente peligro, este domingo se produjo otra explosiva erupción que en un fragor de truenos y tormentas producidas por la misma actividad, dejó a toda la isla sin suministro eléctrico y de agua incluyendo a la capital nacional Kingstown, provocando daños sobre los poblados y la infraestructura local. Según fuentes consultadas la ceniza cubre ya toda la capital y los caminos, no habiendo comunicación con los poblados aislados en la base del volcán. Según las unidades de emergencia, el escenario semeja las peores imágenes de los conflictos bélicos del mundo, esperándose según los científicos la continuidad de las erupciones por semanas y hasta la posibilidad de producirse una explosión piroplástica como la ocurrida en Pompeya. O una de menor cuantía; pero parecida a la que ocurrió en la isla en el año 1902 y dejó no menos de mil muertos.

El Primer Ministro Ralph Gonsalves pedía a la población cuidado al circular y estableciendo el estado de emergencia nacional expresó que todo tipo de salvataje aéreo es imposible debido a las cenizas volcánicas que se encuentran en la atmosfera; pero que hasta el momento no se cuenta con víctimas fatales y que el ejército ha establecido campamentos de refugiados mandando a la marina de guerra para proceder a la evacuación de la población civil de la isla en caso que la situación empeore. 

Las opciones más factibles para esta evacuación total de la población que barajan las autoridades locales es a las islas más cercanas de Barbados, Granada y Santa Lucia-Antigua. Pero ante esta necesidad de salvar las vidas, los estados receptores de los potenciales refugiados sólo han pedido un pequeño requisito, no muy grande ni muy importante quizá: sólo podrán ser evacuados aquellos que hayan sido vacunados contra el Covid-19, el resto tendrá que permanecer en la isla a su propio destino y suerte ya que no hay lugar para nadie sin pasaporte sanitario. Adicionalmente, los barcos cruceros que atracaban en sus costas para llevar turistas, se ofrecieron voluntariamente a transportar a la población; pero no a alojarlos a bordo. Porque según lo expresado por el Primer Ministro Gonsalves mientras lloraba en una conferencia de prensa, los buques no tienen el personal necesario para dar cobijo a tanta gente y los oficiales médicos de estos buques serán quienes autoricen a embarcar a quienes hayan recibido las vacunas, dejando en tierra a los que no hayan tenido esa suerte. Todo un ejemplo de humanidad y solidaridad internacional frente a una tragedia real que nos hace pensar hasta donde la civilización avanzó desde la época de la segunda guerra mundial. 

Mientras las explosiones continúan en lo que parece ser uno de los más violentos eventos de este tipo en las últimas décadas con un fin todavía incierto y con columnas de humo que se elevan al firmamento a una altura superior a 10 kilómetros. 

Con una actividad que según sismólogos parece extenderse al volcán “Pelee” en la Isla de Martinica; la suerte de los habitantes de Saint Vincent parece depender de la burocracia oficial de algunos políticos y de algún milagro del cielo en este inclusivo y democrático mundo que hace alarde del respeto a los derechos humanos y la diversidad cultural.

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