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#Opinión

| 14/01/2021

Trump (Parte 2) Un mundo Sin Estados Unidos

Con el nuevo gobierno de Biden, Estados Unidos abandona la política exterior de” América Primero” y muchos países respiran tranquilos. Debemos entender los fundamentos para esta alegría global.

Trump (Parte 2) Un mundo Sin Estados Unidos

 Desde el comienzo de la guerra fría y con el posterior declive de las potencias imperiales europeas que perdieron sus imperios de ultramar, Estados Unidos consolidó su posición como defensor del llamado mundo libre y expandió su dominio tanto militar como económico convirtiéndose en la potencia más grande del planeta.

 

Luego de la caída del bloque soviético a fines de los años 80 y con el colapso de los países comunistas, Estados Unidos quedó como única potencia reconfigurando el mundo e interviniendo al mismo tiempo en prácticamente todos los escenarios y conflictos hasta nuestros días. 

 

Pero la humanidad siguió avanzando y evolucionando gracias a las nuevas tecnologías digitales e industriales, con desarrollos científicos en todas las áreas incluyendo la química y las aleaciones compuestas; algo impensado una década atrás. Estos desarrollos dan a Estados Unidos la posibilidad del autoabastecimiento en casi todas las áreas estratégicas llegando a no necesitar del petróleo y el gas para hacer funcionar su economía. Convirtiéndose esta etapa del desarrollo humano en una nueva revolución tecnológica que permitirá a muchas empresas extractivas radicadas en el extranjero volver al suelo natal. 

Es debido a este nuevo contexto que el Gobierno de Donald Trump supo acuñar la frase “América Primero” (America First).

 

Aquí debemos detenernos para comenzar a entender la profundidad de esta ideología, que quiere expresar en resumidas cuentas, que Estados Unidos dejará de mirar al extranjero porque ya no lo necesita más. Pasándose a ocupar solamente del beneficio y seguridad de sus empresas, sus ciudadanos y de las amenazas a su seguridad internacional provenientes de armas de destrucción masiva, sin olvidarnos claro de las causas “justas” o populares que los votantes quieran apoyar para no perder elecciones.

 

Porque con esta revolución los mercados se manejarían en casa, lo que evitaría muchas intervenciones militares ya que: ¿Para qué lanzarse entonces a campañas militares altamente costosas en vidas y para los bolsillos del ciudadano?.

 

En síntesis, asistiríamos al fin de las guerras del petróleo y el comienzo de las intervenciones anti-nucleares.

 

Esta ideología es la que marcó la política exterior del gobierno Trump, exteriorizada en la disminución de sus aportes económicos a los países de la OTAN, a Organismos Mundiales como la Organización Mundial de la Salud, la UNESCO y países como Corea del Sur. 

 

También  avanzó en la finalización de los tratados de libre comercio generales, para pasar a tratados individuales que le resultaban convenientes. Propició las firmas de los tratados de paz en Medio Oriente a efectos de retirar en última instancia la ayuda militar a Israel,  Arabia Saudita y los países del golfo; sin olvidarnos de la anunciada retirada de tropas americanas de Afganistán, Siria e Iraq. Siendo aquí donde deviene el apuro de Estados Unidos por terminar en gran medida con la amenaza iraní, y además, por supuesto, por considerar a este último país una amenaza para la seguridad estratégica de U.S.A. debido pura y exclusivamente al conflicto nuclear.

 

Ahora gran cantidad de líderes mundiales tanto de derecha como de izquierda respiran tranquilos de que el gobierno de Trump haya finalizado y Biden haya declarado que su gobierno va a volver a restablecer el liderazgo mundial de Estados Unidos, regresando a las posturas imperiales clásicas restaurando la “Pax” americana como en la época de la guerra fría.

 

Los analistas militares de varios países occidentales mostraban una creciente preocupación por la política de Trump ya que si era reelecto y continuaba con su visión de una retirada estratégica escalonada, a implementarse de aquí a 20 o 30 años; se provocaría un vacío de poder mundial con el que tendrían que lidiar solos. Esto erosionaría las arcas, principalmente de la Comunidad Europea, además de que podría dar lugar al surgimiento de conflictos locales o regionales acompañado de inestabilidad política.

 

Consultores militares de la OTAN ven en este contexto la posibilidad del desarrollo de guerras en no menos de cinco escenarios diferentes, incluyendo una guerra entre Europa Occidental y Rusia; y el surgimiento de un conflicto de magnitud entre China y Japón en el Oriente por el control de pequeñas islas, del comercio y la plataforma submarina en el Océano Pacífico. Además de un conflicto entre Arabia Saudita e Irán en Medio Oriente con la intervención de terceros países que podría incluir a Israel y Turquía. Sumado a esto, la posibilidad de guerras  regionales por el control estratégico de África, con enfrentamientos por zonas de influencia entre los países europeos, China y Rusia que incluirían una puja por el control de los recursos marítimos.

 

Otro de los posibles conflictos en estas circunstancias de retirada de Estados Unidos incluiría a Turquía, por sus ambiciones estratégicas en el Mediterráneo, y podría englobar a Egipto, Chipre, Grecia e Israel. Y hasta una guerra entre Turquía e Israel por la libre circulación del comercio e hidrocarburos en el Mediterráneo.

 

Pero esta retirada de los asuntos mundiales de Estados Unidos bajo la ideología de “América Primero” significaría que volvería sus ojos al Continente Americano sobre el cual ejercería todo su poder concentrado, al considerarla su área de seguridad vital; no permitiendo gobiernos o regímenes que al entender de U.S.A. signifique algún riesgo para su seguridad nacional con los consiguientes conflictos continentales, que podrían incluir invasiones territoriales.

 

Si algunos de estos supuestos se efectivizara, podría implicar la destrucción económica de los países involucrados y una sucesión de crisis humanitarias provocadas por las migraciones de poblaciones civiles afectadas por estos conflictos, lo que terminaría en una crisis política y económica en los estados receptores de estas mareas humanas. En esto, Europa se vería una vez más como la receptora principal de todos los problemas globales y obligada a cerrar las fronteras militarmente. 

 

En este caos global, el gran ganador sería nuevamente Estados Unidos que con la política de “América Primero” asistiría nuevamente al mundo con programas económicos, vendiendo sus productos manufacturados y alimentos como ayuda humanitaria de emergencia de la misma forma que lo hizo en todos los conflictos en los que terminó interviniendo desde la segunda guerra mundial. Un negocio redondo gracias a una retirada que se parece más una conquista donde recordamos al famoso dicho “divide y conquista”.

 

Es por esto que muchos eran los países de Europa que advertían sobre los estragos de las políticas de Trump, y aplauden y se alegran con el gobierno del entrante presidente Demócrata Joe Biden; quien prometió restablecer el liderazgo de su país sin abandonar a sus aliados para así evitar un mundo multipolar, lo que para Europa suena a que todos los costos siguen siendo compartidos. 

 

La pregunta para Estados Unidos es si para todo esto es necesario terminar con la democracia estableciendo controles de prensa, censura y control poblacional. Si toda la discusión que vemos no se reduce solamente a la fórmula de verdaderamente cuánto vale el control mundial y en que están pensando los nuevos viejos amos del mundo en Estados Unidos.

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