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#Opinión

| 24/12/2020

La Nueva Esclavitud del Siglo XXI

El Nuevo Pacto Verde, mejor conocido como “The New Green Deal”, es el actual caballo de batalla de los liberales europeos y del gobierno de Joe Biden. ¿Cuáles son sus repercusiones sociales?

La Nueva Esclavitud del Siglo XXI

Mientras el mundo occidental parece abrazar y correr desesperadamente hacia una era pos-capitalista con la promesa de un futuro prometedor intentando detener el tan temido y publicitado cambio climático, terminando las emisiones de energías fósiles; debemos considerar varios aspectos a estos cambios tan dramáticos que se avecinan en el corto tiempo y que van a afectar a los medios de producción y los ingresos de las personas en todo el mundo; y que provocarán grandes cambios, sociales y familiares. Efectos que pasan desapercibidos y no son tomados en cuenta por los grandes medios de comunicación, la publicidad y las organizaciones del sector social. Todos estos, que irónicamente en su mayoría reciben estipendios o son delegadas de los mismos países europeos que en su momento supieron imponer el imperialismo a base de guerras y la fuerza de la conquista territorial. 

 

A nuestro entender no deja de ser bastante llamativo.

 

Y es que esta revolución, como lo expresa Ann Petiffor, Directora del Departamento de Economía de la Universidad de Leeds en Gran Bretaña, “se trata no solo de re imaginar la economía mundial; sino de cambiar todo”. Para el entender de los académicos europeos, “salvar a la humanidad”; donde en los seminarios universitarios dictados por esta Universidad recalcan que se debe influenciar de todas formas posibles a Estados Unidos para que sea este con su poder económico el que se convierta en abanderado de esta cruzada y sobre la que Biden hizo énfasis durante su campaña.

 

A partir de escuchar estas conferencias, comprendemos que estamos ante las puertas de una verdadera revolución, no solo económica; sino también social, moral y religiosa. Con la diferencia que este cambio no viene como los históricos alzamientos populares que nacen de la necesidad de un pueblo oprimido por sus dirigentes de mejorar su calidad de vida o sus libertades. Sino todo lo contrario, ya que este cambio es diferente: la revolución viene desde lo alto, desde los sectores intelectuales de la academia, las grandes empresas y los políticos. 

 

Pero no nos resulta extraño que sea ésta la primera revolución de este tipo en toda la historia de la humanidad. 

 

Algunas reflexiones que surgen son:

¿Desde cuándo las élites gobernantes han buscado asegurar el bienestar de la población, que se esconde detrás de este bombardeo de publicidad que no nos permite pensar tranquilos y qué efectos secundarios tendrían estas medidas en la población y la economía?

 

La respuesta la encontramos sorprendentemente en Gran Bretaña con las nuevas legislaciones climáticas que el gobierno está aprobando para el futuro cercano con la intención de llegar al año 2050 con un nivel de emisión tóxica 0. Por ejemplo: El Comité del Cambio Climático, conformado por científicos y funcionarios estatales, publicó su “Sexto Presupuesto del Carbono” hace ya una semana. En esta, que sugiere como norma de aplicación desde el año 2028 la prohibición de construcción y provisión de elementos e infraestructura para calentar ambientes, agua y cocinar a base de combustibles fósiles. Y que incluye (sorprendentemente o no) al gas de red, el que es considerado una de las formas más baratas y efectivas de brindar servicios y beneficios a la población de bajos ingresos.

 

Pensemos, 2028, ahí a la vuelta de la esquina.

 

Lo que derivaría en una masiva reconversión y modificación de toda infraestructura hogareña a partir de esa fecha, para posiblemente pasar a utilizar hidrógeno, electricidad, eólica, solar o nuclear.

 

Pero la Comisión de este país, que pretende ser modelo mundial, también recomienda una prohibición de venta de toda propiedad que no sea ecológicamente sustentable y que además deberá contar con un certificado de eficiencia energética (EPC) extendido por el estado. Prohibiendo además desde el año 2033 la aprobación de hipotecas inmobiliarias a los compradores de estos inmuebles que al ser antiguos, valen menos que los nuevos que se ofrecen en el mercado y permiten la movilidad social ascendente.

 

Estas recomendaciones legales, como podemos imaginar, afectan a la mayoría de las viviendas y edificios construidos desde principios del siglo XX hasta la fecha; lo que lanzaría a la pobreza a millones de ciudadanos en países donde los valores de las inversiones inmobiliarias se desplomarían significativamente. 

 

Porque las personas tendrían  que invertir increíbles sumas de dinero para reconvertir sus viviendas. Y porque además durante el transcurso de estas reformas las mismas quedarían inhabitables necesitando sus habitantes buscar un lugar alternativo donde dormir. Debido a que estas normas afectarían a todos los estratos sociales por igual, se provocaría que los sectores de menores ingresos se endeudaran con los bancos, que gozosos lanzarían líneas de crédito hipotecarias con fondos públicos. O sino obligaría a vender estas propiedades, ahora inútiles, a grandes conglomerados inmobiliarios a precios viles; siendo estos los que se ocuparán de las refacciones planteadas por la ley para luego ser vendidas a precios de mercado.

 

Sólo el considerar este punto da escalofrío porque convertiría a millones de personas en deudores instantáneos del sistema financiero y de los gobiernos. Sumado al impacto económico que implicaría el cese del suministro de gas y la dependencia de energías alternativas momentáneamente más caras. Lo que  disminuiría el nivel económico y bienestar general de la población mundial, obligando a bañarse con agua fría a los menos afortunados.

 

Entonces, ¿qué tiene que hacer una familia de clase baja que luchó para tener su techo digno?, ¿Cómo se supone que se desarrollará la vida familiar?, ¿Cómo poder mudarse a una mejor vivienda? ¿Qué opciones le quedan a la población trabajadora?

 

Si alguien puede responder...

 

Pero a fin de cuentas no debemos olvidar que todo esto se hace para asegurar nuestro futuro en un mundo pos-capitalista, integrado e inclusivo. Antes de finalizar, debemos recordar que a todo esto hay que sumar la destrucción de empleo tanto directo como indirecto más grande que la humanidad conocerá por el cierre de empresas energéticas y todas aquellas relacionadas.

 

Fugazmente imaginemos qué ocurriría con el parque automotor si se prohíbe circular a todos los vehículos actuales y los costos necesarios para comprar un vehículo alternativo ecológico. 

 

Imaginemos también a una población, sólo autorizada a usar vehículos de transporte público dependiendo de los estados. Con la consiguiente limitación de desplazamiento, sería un mundo donde solo los ricos podrían acceder a vehículos sustentables. 

 

Pero tranquilos nuevamente, no hay que preocuparse porque todo, todo y mucho más que esto, se hace en nombre de la humanidad y nuestra salvación individual.

 

¿O no? 

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