Se viralizó en redes sociales el video de un militante libertario de Catamarca que, mientras defendía con entusiasmo al gobierno nacional, pedía ayuda económica porque llevaba dos meses sin cobrar. El contraste entre ambos mensajes —publicados con pocos días de diferencia— expuso con crudeza una contradicción cada vez más visible entre el discurso político y la realidad cotidiana de muchos de sus propios simpatizantes.
En un primer video, publica Conexto, el hombre se mostraba activo en la campaña a favor del oficialismo y afirmaba con convicción: “No voten al peronismo, el peronismo es hambre. Hay que apoyar a Milei, voten a Milei cuando lleguen las elecciones”.
Sin embargo, poco después apareció nuevamente en redes con un mensaje completamente distinto, atravesado por la urgencia económica: “Vengo a pedir ayuda a la gente, estoy hace dos meses sin cobrar, necesito que me envíen para el pan, les dejo mi alias. Bolsa de pan, yerba lo que tengan me avisan”.
Video:
“No voten por el peronismo, voten por Milei, aguante Milei, ahora somos libres, bueno les dejo mi alias para que me manden plata para poder comprar PAN, no me pagan hace dos meses” Esto es EXACTAMENTE el libertario promedio, cagado de hambre y votando a su verdugo 🤡 pic.twitter.com/MqChYzmH4t
— TUGO News (@TugoNews) March 27, 2026
La escena no tardó en circular masivamente. No solo por el contraste entre ambas declaraciones, sino porque sintetiza una situación más amplia: personas que sostienen públicamente el rumbo económico del gobierno de Javier Milei aun cuando reconocen que no pueden cubrir necesidades básicas.
El episodio deja al descubierto una paradoja difícil de ignorar. Mientras se repite que “el peronismo es hambre”, el propio protagonista del video admite que necesita ayuda para comer en el presente. No se trata de una ironía menor: es el retrato de cómo el deterioro económico impacta incluso en quienes defienden activamente el ajuste.
Más llamativo todavía es que en su pedido no aparece ninguna referencia a las causas de su situación. No hay cuestionamientos al plan económico impulsado por el ministro Luis Caputo, ni dudas sobre sus efectos. Sólo una apelación solidaria para sobrevivir mientras el apoyo político permanece intacto.
El problema no es individual. Es político y social. Cuando alguien que milita un proyecto económico termina pidiendo “una bolsa de pan o yerba”, lo que se vuelve visible es la distancia entre las promesas de mejora futura y las dificultades concretas del presente.