El póker es uno de los pasatiempos más conocidos del mundo. Su ADN se ha mantenido prácticamente inalterado desde la primera mitad del siglo XIX, y su popularidad es universal. La finalidad principal del juego es crear combinaciones de cartas que tengan un valor superior al de los rivales. Cada una de ellas dispone de una categorización determinada dentro de las normas, y cuanto mayor sea la combinación, más opciones existen de vencer.
Con el paso del tiempo, han ido apareciendo diversas variantes del juego clásico, siempre basadas en las normas que describió Joseph Crowell en 1829. Fue en ese momento cuando dejó por escrito cómo se practicaba el póker en ese periodo histórico concreto. En este artículo, vamos a detallar las modalidades más conocidas, describiendo sus normas y diferencias. Empezaremos con el Texas Hold‘em, seguiremos con la variante Omaha y pondremos el punto y final con el Seven-card Stud.
Texas Hold‘em
Empezamos nuestra lista con la variante más popular de todas, conocida con el nombre de Texas Hold‘em. Esta modalidad se encuentra presente en prácticamente todos los casinos y salas de juego del mundo. Su planteamiento es sencillo: cada uno de los jugadores agrupa un total de dos cartas ocultas, siendo esta la piedra angular de las jugadas. Luego, se sitúan tres naipes sobre la mesa, y aquí empieza el juego. En total, se pueden acumular cinco figuras dentro de la mano, y se realizan apuestas después de cada ronda. Cada uno de los participantes puede igualar, aumentar la apuesta u optar por retirarse.
Actualmente, es posible viajar virtualmente hasta Texas y conocer los juegos de poker que allí se originaron. Todo ello gracias a los portales online, que no dejan de ser sitios web que ofrecen este tipo de pasatiempos en formato digital, como es el caso del Texas Hold'em. El portal PokerStars lo incluye en su catálogo y, como hemos descrito, los jugadores deben obtener la mejor mano de cinco cartas a través de la pantalla.
Como punto fuerte, presenta unas normas relativamente sencillas, que son fáciles de asimilar para la mayoría de los participantes, sean o no noveles. Pero eso no impide que sea también un juego altamente profundo, en el que prima el sentido analítico, siendo el azar siempre un factor absolutamente determinante.
Omaha
Continuamos la explicación detallando las características principales de la variante Omaha. Su nombre guarda relación con la playa homónima que se sitúa en Normandía, zona famosa por albergar el Mont Saint-Michel, una de las maravillas que pueden verse en el lugar.
Sus normas son muy similares a las del Texas Hold ‘em, de hecho, también se le conoce como Omaha Hold‘em. La principal diferencia es que, en vez de dos cartas privadas, cada uno de los jugadores acumula un total de cuatro. Esto aumenta la complejidad en el momento de crear las hipotéticas combinaciones. Del mismo modo que en el caso del Texas, la suma de cartas en nuestra mano no puede superar los cinco naipes. Se utilizan dos de las figuras de nuestra mano y tres de las comunitarias para crear la jugada final. Cada una de las apuestas se realiza después del reparto inicial y después de sumar una figura extra en las cartas colectivas.
Seven-card Stud
Las dos variantes que hemos descrito anteriormente coinciden en el hecho de presentar cartas comunitarias. El caso del Seven-card Stud es diferente. En este caso, todos los miembros acumulan un total de siete cartas. Cuatro de ellas son visibles para los jugadores, mientras que las tres restantes se mantienen ocultas.
Al principio de las partidas, cada uno de los participantes obtiene tres cartas iniciales, dos ocultas y una visible. Después de efectuar una apuesta inicial, se van repartiendo cartas adicionales visibles hasta que la suma total asciende a las siete. La mejor mano de cinco cartas gana la partida. La apuesta se dobla a partir de la quinta jugada, siendo la sexta y la séptima las más elevadas.