Una forma de demencia recientemente identificada —conocida como LATE— ha comenzado a cambiar lo que se creía sobre el deterioro cognitivo en personas mayores. Esta condición está siendo diagnosticada con mayor frecuencia y, según estudios recientes, podría afectar a un tercio de quienes superan los 85 años, y a un 10 % de quienes tienen más de 65.
Expertos advierten que muchos pacientes previamente diagnosticados con enfermedad de Alzheimer podrían en realidad estar padeciendo LATE. En la práctica clínica, esto implica que lo que parece Alzheimer —como pérdidas de memoria y confusión— podría corresponder a otro tipo de trastorno neurodegenerativo. Algunos especialistas estiman que en una de cada cinco personas que acuden con síntomas de deterioro cognitivo, el diagnóstico podría cambiar al identificar LATE en lugar de Alzheimer.
Según médicos, la LATE tiene características distintas: suele avanzar más lentamente y su principal manifestación suele ser la pérdida de memoria, sin tantos cambios de comportamiento o alteraciones profundas en otras funciones cognitivas como planificación u organización, algo frecuente en Alzheimer. Esto —dicen los neurólogos— puede ofrecer cierto alivio a familiares y pacientes, ya que la progresión podría ser menos rápida.
Sin embargo, cuando LATE aparece junto con Alzheimer —condición más común en quienes ya tienen desgaste cognitivo avanzado— los efectos se combinan, dando como resultado un deterioro más severo y acelerado. Esa combinación agrava síntomas, acelera la pérdida de funciones y puede llevar a complicaciones como psicosis, incontinencia u otros problemas neurológicos.
El diagnóstico de LATE implica técnicas distintas: el análisis no se basa solo en la presencia de las placas o ovillos típicos del Alzheimer, sino en otra proteína (TDP-43) que se acumula en ciertas regiones del cerebro y provoca alteraciones celulares que afectan la memoria. Esto plantea un nuevo desafío para la comunidad médica, ya que los tratamientos aprobados hasta ahora para Alzheimer no actuarían sobre esas anomalías.
Por el momento, no existe un tratamiento específico para LATE. Algunas investigaciones están en marcha, probando fármacos ya existentes para otras enfermedades —con la esperanza de frenar o desacelerar el daño cerebral—, pero los resultados aún son preliminares.
Este descubrimiento obliga a repensar las demencias: no todas las fallas de memoria son Alzheimer, y diagnosticar correctamente puede cambiar el abordaje, la expectativa de progresión e incluso la forma de tratar a los pacientes. La aparición de LATE subraya la complejidad del cerebro humano y la necesidad de ampliar la mirada sobre los trastornos cognitivos en la vejez.