Las relaciones violentas no comienzan, en la mayoría de los casos, con agresiones físicas. Antes de que aparezcan los golpes o las amenazas más graves, suelen manifestarse conductas de control, manipulación y aislamiento que muchas veces son minimizadas o confundidas con muestras de amor. Detectarlas a tiempo puede marcar la diferencia.
La psicóloga forense Daniela Gasparini, especialista en estudios de género, sostiene que la responsabilidad siempre recae sobre quien ejerce la violencia y no sobre la víctima. Además, advierte que estos comportamientos pueden presentarse no solo en parejas, sino también en vínculos familiares, laborales o de amistad.
Los celos no son una demostración de amor
Uno de los principales mitos que persisten en muchas relaciones es considerar a los celos como una prueba de afecto. Sin embargo, Gasparini explica que el problema no radica en sentir celos, sino en cómo se actúa a partir de ellos.
Cuando los cuestionamientos se vuelven permanentes, aparecen las exigencias sobre la forma de vestir, las amistades, el uso del teléfono o los lugares que una persona puede frecuentar; comienzan a encenderse las primeras señales de alerta.
El ciclo que suele repetirse
Según la teoría desarrollada por la psicóloga estadounidense Lenore Walker, la violencia suele desarrollarse en tres etapas.
La primera es la acumulación de tensión, caracterizada por insultos, gritos, amenazas o actitudes de control. Luego aparece el episodio de violencia, donde la agresión escala. Finalmente, llega la denominada "luna de miel", en la que el agresor pide perdón, promete cambiar y busca recomponer el vínculo, iniciando nuevamente el ciclo.
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Conductas que no deben pasarse por alto
Entre las señales que pueden indicar el comienzo de una relación abusiva, los especialistas destacan:
Control constante sobre la pareja.
Revisar el teléfono o las redes sociales.
Aislar a la persona de familiares y amistades.
Descalificaciones, insultos o humillaciones.
Manipulación emocional y amenazas.
Intentar decidir cómo debe vestirse o con quién puede relacionarse.
Hacer sentir culpable a la víctima por situaciones que no provocó.
Los agresores no siempre responden a un mismo perfil
Gasparini remarca que no existe un único perfil de persona violenta. Muchos agresores mantienen una imagen amable y respetuosa en ámbitos sociales, mientras ejercen violencia puertas adentro.
Asimismo, explica que rasgos como el narcisismo, la manipulación o la falta de empatía aparecen con frecuencia en distintos casos investigados por la Justicia, aunque aclara que no todas las personas con esas características llegan a cometer delitos de violencia de género.
Romper el silencio puede salvar vidas
La especialista subraya que el aislamiento, la dependencia económica, el miedo y las amenazas suelen dificultar que las víctimas puedan denunciar o abandonar el vínculo.
Por eso insiste en la importancia de reconocer las primeras señales, pedir ayuda y acudir a personas de confianza o a los organismos especializados antes de que la violencia avance hacia situaciones de mayor gravedad.