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Especiales

La historia del soldado que se negó a abandonar a un camarada en Malvinas

En medio de una emboscada y rodeados por tropas británicas, un oficial argentino tomó una decisión que cambiaría dos vidas para siempre. El vínculo surgido en el combate se convirtió en una de las historias más conmovedoras.

La guerra de Malvinas dejó innumerables relatos de combate, sacrificio y heroísmo. Sin embargo, algunas historias sobreviven al paso de los años por una razón distinta: hablan de la amistad, de la lealtad y de la decisión de no abandonar a otro ser humano aun cuando la propia vida está en riesgo.

Una de ellas tuvo como protagonistas a Horacio "Puchi" Lauria y al sargento ayudante Raimundo Viltes. Ambos quedaron unidos para siempre durante una de las jornadas más dramáticas del conflicto, cuando una emboscada británica en el monte Kent los obligó a luchar no solo contra el enemigo, sino también contra el frío, la nieve y la incertidumbre.

 

El sueño de combatir por Malvinas

En 1982, Lauria era teniente primero del Ejército Argentino y formaba parte de las fuerzas especiales. Casado y con tres hijos pequeños, se encontraba destinado en Salta cuando recibió la noticia de la recuperación de las Islas Malvinas.

Lejos de intentar evitar el frente de batalla, hizo todo lo posible por ser convocado.

Durante semanas aguardó la orden que finalmente llegó a mediados de mayo. Sin dudarlo, preparó su equipo y partió rumbo al conflicto con una convicción absoluta: estaba dispuesto a darlo todo por la misión.

 

La emboscada en el monte Kent

Su primera misión llegó pocos días después de arribar a las islas. Integrando la Compañía de Comandos 602, debía participar de una operación en el monte Kent, una posición estratégica desde donde se planificaban acciones detrás de las líneas enemigas.

Lo que parecía una tarea de reconocimiento terminó convirtiéndose en una trampa.

Cuando la patrulla avanzaba hacia la cima, fue sorprendida por un intenso fuego británico. Las balas iluminaban la oscuridad y el grupo quedó expuesto en una pendiente sin posibilidad de cobertura.

En medio de la confusión, Lauria escuchó un pedido desesperado de ayuda.

 

El hombre que decidió no abandonar a su compañero

El herido era Raimundo Viltes, un suboficial al que prácticamente no conocía.

Tenía una grave lesión en una pierna y apenas podía desplazarse.

Mientras los disparos continuaban cayendo alrededor, Lauria tomó una decisión que marcaría el resto de su vida: quedarse junto a él.

Con ayuda de otros efectivos lograron iniciar un repliegue atravesando la nieve, la oscuridad y un terreno extremadamente peligroso. Cada avance se realizaba aprovechando los breves momentos en que las bengalas enemigas dejaban de iluminar la zona.

Contra todo pronóstico, lograron sobrevivir.

 

Tres noches esperando un rescate

La situación se volvió aún más complicada cuando el resto de la patrulla recibió la orden de continuar el movimiento.

La propuesta era dejar a Viltes junto a un enfermero hasta que pudiera ser evacuado.

Lauria se negó.

Decidió quedarse a su lado.

Con algunas provisiones, municiones y escasos recursos, ambos permanecieron aislados durante tres días en medio del terreno malvinense, cada vez más cerca de las posiciones británicas.

A medida que pasaban las horas, la esperanza de un rescate comenzaba a desaparecer.

Fue entonces cuando pronunció una frase que décadas después seguiría recordando con emoción:

—Negro, no nos va a venir a buscar nadie.

Una travesía para sobrevivir

Convencido de que debían salvarse por sus propios medios, improvisó rodilleras para su compañero y planificó una retirada.

Viltes avanzaba como podía, apoyándose sobre manos y rodillas, mientras Lauria lo acompañaba en cada metro recorrido.

La travesía parecía imposible.

Sin embargo, cuando las fuerzas comenzaban a agotarse, apareció una patrulla argentina enviada para localizarlos.

El reencuentro estuvo marcado por abrazos, alivio y emoción.

Viltes pudo recibir atención médica, aunque las heridas obligaron posteriormente a la amputación de una de sus piernas.

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Una amistad que sobrevivió a la guerra

La guerra terminó, pero el vínculo entre ambos continuó intacto.

Durante años mantuvieron el contacto y compartieron el recuerdo de aquellos días en los que lucharon juntos por sobrevivir.

Lauria recibió tiempo después la Medalla al Valor en Combate por su actuación en Malvinas, aunque siempre sostuvo que lo más importante no fue la distinción, sino haber cumplido con el compromiso que asumió aquella noche en el monte Kent.

Raimundo Viltes falleció años después, pero su nombre sigue ocupando un lugar especial en la memoria de quien decidió quedarse cuando todos los motivos indicaban que debía marcharse.

Porque en medio de una guerra, entre disparos, nieve y oscuridad, nació una amistad capaz de sobrevivir al paso del tiempo.

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