Origen y evolución de un ritmo cordobés
El cuarteto nació en la década de 1940 en la provincia de Córdoba, en un contexto de fuerte migración interna y crecimiento urbano. Su sonido inicial estuvo marcado por el trabajo de Cuarteto Leo, considerado pionero del género, que estableció la base rítmica característica con piano, acordeón, violín y contrabajo. Aquella estructura simple dio origen a un estilo bailable, alegre y profundamente popular.
Durante las décadas siguientes, el cuarteto evolucionó. Incorporó el bajo eléctrico, baterías más marcadas y teclados, modernizando su sonoridad. En los años 70 y 80, el género dejó de ser exclusivamente barrial para convertirse en un fenómeno masivo en toda la provincia. La radio y los bailes multitudinarios impulsaron su crecimiento, mientras que las letras comenzaron a reflejar con mayor fuerza la vida cotidiana, el amor, la marginalidad y la identidad popular.
Córdoba, capital del tunga-tunga
Hablar de cuarteto es hablar de Córdoba. En la capital provincial, el ritmo es parte del ADN cultural. Los bailes no son solo recitales: son rituales sociales que convocan multitudes cada fin de semana. Clubes históricos, sociedades de fomento y estadios se transforman en verdaderos templos del “tunga-tunga”, donde confluyen distintas generaciones.
El cuarteto logró romper barreras sociales. Lo que en sus comienzos fue considerado música de sectores populares, hoy atraviesa todas las clases sociales y edades. En fiestas familiares, celebraciones estudiantiles y eventos masivos, el cuarteto ocupa un lugar central. Incluso fue declarado patrimonio cultural inmaterial de la provincia, un reconocimiento que formaliza su peso simbólico.
Además, Córdoba se convirtió en usina de producción musical. Estudios de grabación, sellos independientes, productoras y medios especializados giran en torno al género, consolidando una industria cultural propia.
Íconos que marcaron época
El crecimiento del cuarteto no puede entenderse sin sus grandes figuras. El máximo referente histórico es La Mona Jiménez, quien redefinió el género con un estilo carismático y una conexión única con el público. Con una trayectoria de más de cinco décadas, se transformó en símbolo de Córdoba y en referente indiscutido de la música popular argentina.
En los años 90, el cuarteto dio un salto nacional con Rodrigo Bueno. Su carisma, su impronta escénica y su llegada a Buenos Aires expandieron el género más allá de Córdoba. Su fallecimiento en el año 2000 marcó un antes y un después, pero también consolidó su figura como mito popular.
En la etapa contemporánea, Ulises Bueno tomó la posta, manteniendo vigente el legado y convocando multitudes. Junto a él, artistas como Damián Córdoba continúan siendo referentes de peso en los escenarios cordobeses.
Entre los exponentes actuales también se destaca La K'onga, agrupación que logró expandir el cuarteto a nivel nacional e internacional con colaboraciones y un estilo renovado. Asimismo, el joven cantante Luck Ra representa la nueva generación del género, fusionando el cuarteto con sonidos urbanos y alcanzando millones de reproducciones en plataformas digitales.
Bandas como La Barra y Sabroso también marcaron una etapa moderna del cuarteto con un perfil más romántico y melódico, ampliando su público.
Impacto social y económico
El cuarteto no solo es una expresión artística, sino también un motor económico. Cada show moviliza técnicos, sonidistas, iluminadores, personal de seguridad, boleterías y transporte. Las presentaciones masivas generan un circuito laboral estable que involucra a miles de personas.
Asimismo, el género tiene un fuerte componente social. En los bailes se mezclan historias de barrio, códigos compartidos y una identidad colectiva que se refuerza en cada canción coreada. El cuarteto funciona como espacio de contención y pertenencia, especialmente en sectores populares donde la música es una vía de expresión y celebración.
Las letras suelen abordar el amor, el desamor, la amistad, las dificultades económicas y la superación personal. Esa cercanía temática explica su profunda conexión con el público.
Expansión y nuevas generaciones
En los últimos años, el cuarteto comenzó a dialogar con otros géneros como el trap y la música urbana. Colaboraciones con artistas jóvenes y la presencia en plataformas digitales ampliaron su alcance. Redes sociales y servicios de streaming permitieron que el cuarteto llegue a nuevos públicos, incluso fuera de Argentina.
Si bien Córdoba sigue siendo su epicentro, el género tiene fuerte presencia en provincias como Santa Fe, La Rioja y Santiago del Estero, y mantiene una audiencia fiel en todo el país.
Un patrimonio vivo que se reinventa
A más de ocho décadas de su nacimiento, el cuarteto continúa evolucionando sin perder su esencia festiva y popular. Es parte del paisaje sonoro de Córdoba y una de las expresiones culturales más genuinas de Argentina.
Lejos de apagarse, el “tunga-tunga” sigue marcando el pulso de generaciones enteras, consolidándose como un patrimonio vivo que combina tradición, identidad y permanente renovación.