A mediados de la década de 1950, la Argentina atravesaba una fuerte crisis política y social. Juan Domingo Perón cumplía su segundo mandato presidencial, pero el enfrentamiento con sectores de las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica, la oposición política y parte del empresariado había alcanzado un nivel de máxima tensión.
Las diferencias ideológicas y los conflictos por el rumbo del país alimentaban un clima de creciente inestabilidad. En ese contexto comenzaron a gestarse distintos movimientos conspirativos con el objetivo de poner fin al gobierno peronista.
El ataque que sorprendió a Buenos Aires
La mañana del 16 de junio de 1955 transcurría con normalidad hasta que, poco antes del mediodía, aviones de la Aviación Naval y de sectores rebeldes de la Fuerza Aérea aparecieron sobre el centro porteño.
Su objetivo era asesinar a Perón y provocar un levantamiento militar que permitiera tomar el poder.
Sin embargo, el mandatario no se encontraba en la Casa Rosada al momento del ataque, ya que había sido trasladado al edificio del Ministerio de Ejército tras ser advertido sobre el intento golpista.
Bombas sobre civiles
Al no encontrar a Perón, los aviones comenzaron a bombardear y ametrallar Plaza de Mayo y sus alrededores.
Las explosiones alcanzaron edificios públicos, vehículos particulares, colectivos y transeúntes que circulaban por la zona. También resultaron afectados la Casa Rosada, el Ministerio de Economía, la Secretaría de Comunicaciones y otros inmuebles cercanos.
Muchos de los presentes eran trabajadores, empleados públicos y personas que realizaban sus actividades cotidianas. Otros habían sido convocados para expresar su apoyo al gobierno sin imaginar que quedarían en medio del ataque.
Una de las mayores tragedias de la historia argentina
El bombardeo dejó un saldo devastador.
Las investigaciones históricas coinciden en que murieron más de 300 personas, aunque algunas estimaciones elevan la cifra. Además, hubo cientos de heridos y graves daños materiales en el centro de Buenos Aires.
Se trató del mayor ataque aéreo contra población civil registrado en la historia argentina y uno de los más graves ocurridos en América Latina en tiempos de paz.
El intento de golpe fracasó
Mientras los bombardeos continuaban, tropas leales al gobierno enfrentaron a los militares sublevados.
Al comprobar que el golpe no lograba consolidarse, varios de los responsables huyeron hacia Uruguay, donde recibieron asilo político.
Aunque la insurrección fue sofocada, el episodio dejó en evidencia la profunda fractura que atravesaban las Fuerzas Armadas y la sociedad argentina.
La respuesta del peronismo
Tras el ataque, miles de simpatizantes del gobierno se movilizaron hacia distintos puntos de la ciudad.
Durante la noche se produjeron incendios en varias iglesias del centro porteño, hechos que incrementaron aún más la confrontación política y profundizaron la crisis entre el gobierno y la Iglesia Católica.
Estos acontecimientos marcaron un punto de no retorno en la escalada del conflicto institucional.
El camino hacia la Revolución Libertadora
Tres meses después del bombardeo, el 16 de septiembre de 1955, un nuevo levantamiento militar logró derrocar a Juan Domingo Perón.
El presidente abandonó el país y comenzó un prolongado exilio de casi 18 años.
El golpe inauguró la autodenominada Revolución Libertadora, que prohibió el peronismo, intervino sindicatos, modificó símbolos nacionales vinculados al movimiento y persiguió a numerosos dirigentes políticos y gremiales.
Un hecho que permaneció durante años en silencio
Durante mucho tiempo, el bombardeo de Plaza de Mayo recibió escasa difusión en los ámbitos educativos y en los debates públicos.
Con el paso de las décadas, historiadores, organismos de derechos humanos e instituciones académicas impulsaron investigaciones para reconstruir lo sucedido, identificar a las víctimas y preservar la memoria de aquel día.
Actualmente, el episodio es considerado uno de los hechos más graves de violencia política del siglo XX en la Argentina.
La memoria de las víctimas
Cada 16 de junio se realizan actos conmemorativos para recordar a quienes perdieron la vida durante el ataque.
Monumentos, placas recordatorias y diversas iniciativas buscan mantener viva la memoria de las víctimas civiles y reflexionar sobre las consecuencias que generan la intolerancia política y la violencia como herramienta para resolver los conflictos institucionales.
Un antes y un después en la historia argentina
El bombardeo a Plaza de Mayo no solo representó un intento de asesinato contra un presidente constitucional, sino también un ataque directo contra cientos de ciudadanos que quedaron atrapados en medio de una disputa política.
Su impacto trascendió aquel día de 1955. La violencia, la polarización y la ruptura institucional que siguieron marcaron profundamente la historia argentina durante las décadas posteriores.
Más de setenta años después, el bombardeo continúa siendo un símbolo de los riesgos que implica el enfrentamiento político llevado al extremo y un recordatorio de la importancia de preservar la democracia, el diálogo y el respeto por las instituciones.