Cada 6 de abril se conmemora el Día Mundial de la Actividad Física, una jornada impulsada para promover estilos de vida más saludables y combatir el sedentarismo, uno de los principales factores de riesgo para la salud a nivel global.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la falta de actividad física está vinculada a enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión y otros trastornos crónicos, además de impactar negativamente en la salud mental.
En ese sentido, los especialistas recomiendan realizar al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de intensidad vigorosa, combinados con ejercicios de fortalecimiento muscular dos o tres veces por semana.
La actividad física no se limita únicamente al deporte: incluye acciones cotidianas como caminar, andar en bicicleta, subir escaleras o realizar tareas domésticas, todas fundamentales para mantener el cuerpo en movimiento.
Además de los beneficios físicos, el ejercicio regular también mejora el bienestar emocional. Durante la actividad, el cuerpo libera endorfinas y serotonina, lo que ayuda a reducir el estrés, la ansiedad y los síntomas de depresión.
Otro aspecto clave es el impacto en el descanso: mantener una rutina activa contribuye a mejorar la calidad del sueño y el equilibrio general del organismo.
A pesar de esto, se estima que el 31% de la población adulta en el mundo es físicamente inactiva, una cifra que crece con el aumento del tiempo frente a pantallas y el uso del transporte motorizado.
Por eso, los especialistas coinciden en que incorporar pequeños cambios en la rutina diaria —como caminar más, elegir escaleras o realizar actividades recreativas— puede marcar una gran diferencia en la salud a largo plazo.