Un trabajador del área de sistemas fue despedido apenas dos días después de haber comenzado a trabajar en una empresa de los Países Bajos, luego de negarse a estrechar la mano de una compañera durante una presentación laboral.
Según explicó, el gesto iba en contra de sus creencias religiosas. El episodio generó una denuncia interna dentro de la empresa y, pocas horas después, derivó en la rescisión de su contrato.
El caso escaló a la Justicia y finalmente llegó a un tribunal, que falló a favor del joven. Los jueces consideraron que la decisión de la empresa fue prematura, desproporcionada y discriminatoria.
Como consecuencia, la compañía fue obligada a pagarle una indemnización de 34 mil euros, en un fallo que vuelve a poner en debate el equilibrio entre normas laborales y libertad religiosa en el ámbito laboral.