El malestar no siempre se traduce en enfermedades visibles, pero se siente. Cansancio constante, irritabilidad, dificultades para dormir y una sensación persistente de agotamiento mental se repiten cada vez con más frecuencia entre adultos argentinos, especialmente en la franja etaria que va de los 35 a los 60 años.
Según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del Ministerio de Salud, más del 60 % de los adultos manifestó haber experimentado niveles elevados de estrés en el último año, una cifra que creció respecto de mediciones previas. A esto se suma un informe del Observatorio de Psicología Social de la UBA, que advierte sobre un aumento del malestar emocional asociado a la incertidumbre económica y la sobrecarga cotidiana.
El peso de la economía y la rutina
Especialistas consultados coinciden en que la combinación de inflación, pérdida de poder adquisitivo y múltiples responsabilidades actúa como detonante. “La gente siente que trabaja más, rinde menos y descansa peor”, explican desde el Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires.
Un estudio privado de la consultora Voices! indicó que 7 de cada 10 adultos aseguran vivir “preocupados de forma permanente” por su situación económica, incluso cuando mantienen empleo estable.
Impacto en la salud
El estrés sostenido no es un problema menor. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que está directamente vinculado a trastornos cardiovasculares, ansiedad, depresión y problemas gastrointestinales. En Argentina, las consultas por síntomas de ansiedad y ataques de pánico crecieron notablemente en el sistema de salud público y privado desde 2023.
¿Se habla más, pero se vive peor?
Aunque hoy existe mayor conciencia sobre la salud mental, los especialistas señalan una paradoja: se habla más del tema, pero las condiciones estructurales que generan el malestar persisten. “Reconocer el problema es un avance, pero no alcanza si no hay cambios en la calidad de vida”, señalan desde el ámbito académico.