Una estudiante de La Rioja alertó a la Justicia tras encontrar una cámara oculta instalada en el techo de su habitación en un departamento alquilado. Todo se inició la noche del 26 de noviembre, cuando al acostarse encendió el flash del celular para espantar mosquitos: el resplandor reflejó un lente escondido en la ventilación, justo encima de su cama. Al grabar lo que observaba y enviarlo a una amiga para mostrarle, se confirmaron sus peores sospechas.
A la mañana siguiente, junto con esa amiga y otras inquilinas, revisaron el resto del edificio. Allí descubrieron al menos otros dos departamentos donde también habían cámaras ocultas: una de ellas aún con memoria interna, otra con el cableado expuesto, y evidencia de que todo formaba parte de un sistema de vigilancia general.
La joven y sus compañeras realizaron la denuncia en la comisaría correspondiente. Relataron que el propietario contaba con copia de todas las llaves y que vivía en el mismo edificio, lo que les generó temor, ya que podrían haber accedido en cualquier momento. Luego de cinco días sin novedades, la justicia ordenó un allanamiento en la vivienda del acusado y dictó una medida perimetral a favor de las inquilinas.
Ante este descubrimiento, la estudiante decidió mudarse de urgencia. Al retirar sus pertenencias, pidió acompañamiento policial, pero le informaron que no había efectivos disponibles. Finalmente, pudo salir del edificio solo cuando un familiar de otra víctima la acompañó. El acusado ya no estaba en el inmueble cuando fueron por sus cosas.
Las jóvenes expresaron su conmoción y angustia: sienten que su privacidad fue violada durante meses y temen por el uso que puedan haber dado a esas grabaciones. Por su parte, la causa sigue bajo investigación, con la intención de esclarecer si hubo vigilancia constante, cuántas personas fueron afectadas y si se cometieron otros delitos relacionados.