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El País

Emotivo casamiento en la Antártida de una pareja que vive entre "el hielo"

Franco y Mara se conocieron hace más de una década en el continente blanco y decidieron reafirmar su vínculo. Los detalles de la ceremonia íntima y cómo es la vida familiar en el extremo sur del país.

Mientras en Santiago del Estero el clima cálido marca la rutina diaria, en el extremo más austral de la Argentina el hielo y el viento polar fueron testigos de un evento profundamente emotivo. En la Base Esperanza, ubicada en plena Antártida, una pareja decidió sellar su amor con una ceremonia religiosa en un escenario tan inhóspito como simbólico para el país.

Franco, un sargento primero del Ejército, y Mara, una bióloga de la Dirección Nacional del Antártico, se conocieron en ese mismo lugar hace doce años mientras cumplían funciones oficiales. Si bien ya habían formalizado su vínculo por la vía civil en 2017, ambos mantenían el sueño de recibir la bendición religiosa en el sitio exacto donde comenzó su historia.

El deseo se concretó este año, en medio de la etapa de invernada, una experiencia extrema que implica permanecer aislados durante meses con temperaturas bajo cero. Rodeados por sus compañeros de misión y en compañía de sus hijas Alma y Luna, la pareja reafirmó su compromiso familiar.

Una ceremonia en el fin del mundo

El acto religioso se llevó a cabo en la capilla San Francisco de Asís, un pequeño pero invaluable refugio espiritual dentro de la base. La misa fue oficiada por el capellán castrense Gabriel Muñoz, quien arribó al continente blanco a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar durante la Campaña Antártica de Verano 2025/26.

Este evento se consagró como el duodécimo matrimonio celebrado en la historia de las instalaciones, un dato estadístico que resalta la excepcionalidad de formar una familia en el rincón más frío y aislado del planeta.

Soberanía y arraigo nacional

La historia de Franco y Mara trasciende el plano romántico para reflejar el compromiso con la soberanía nacional. La Base Esperanza es la única estación antártica argentina diseñada para que vivan familias de forma permanente. El predio cuenta con una escuela, un registro civil, una oficina de correo, una emisora de radio y hasta una huerta hidropónica para el cultivo de alimentos frescos.

En este mismo suelo se registró el nacimiento del primer ciudadano argentino en la Antártida en 1978. Desde entonces, las historias cotidianas de trabajo, educación y amor como la de esta pareja demuestran que la presencia del Estado se sostiene no solo con investigación científica o despliegue militar, sino con el invaluable esfuerzo de quienes eligen hacer del hielo su verdadero hogar.

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