En el corazón de El Impenetrable chaqueño, la familia Mercado atraviesa una situación límite marcada por la falta de agua potable, el calor extremo y la precariedad de recursos. En el paraje Grasiela, donde las temperaturas alcanzan los 50 grados, el único refugio posible es la sombra de la galería de su vivienda.
Diego Mercado y Margarita Lescano viven junto a sus seis hijos —de entre 3 y 18 años— en un contexto donde acceder a lo básico se convierte en un desafío diario. El agua del pozo que poseen dejó de ser apta para el consumo, por lo que deben recorrer a pie unos 50 metros o más hasta una represa para recolectar agua en baldes, muchas veces en condiciones insalubres.
La familia intenta hervir el agua para mejorar su calidad, aunque esto no evita que los niños sufran enfermedades como diarrea. La escasez se agrava en épocas de calor intenso, cuando el consumo aumenta y las fuentes disponibles se deterioran aún más.
Además de la problemática del agua, los Mercado enfrentan dificultades para alimentarse y garantizar la educación de sus hijos. La economía familiar se basa en trabajos informales y changas rurales, lo que no alcanza para cubrir las necesidades diarias. En ocasiones, deben recurrir a la caza o a la ayuda de vecinos para poder comer.
El acceso a la educación también representa un obstáculo: los hijos mayores deben recorrer largas distancias —hasta 40 kilómetros— para asistir a la escuela secundaria, muchas veces sin medios de transporte adecuados y bajo condiciones climáticas adversas.
Ante este panorama, la familia expresa necesidades urgentes, como la instalación de una bomba para extraer agua, cañerías y algún medio de movilidad que permita a los jóvenes continuar sus estudios.
La historia de los Mercado refleja la dura realidad que atraviesan muchas familias en zonas rurales del norte argentino, donde la falta de infraestructura y servicios básicos profundiza la desigualdad y limita las oportunidades de desarrollo.