La Argentina se consolidó como el país con mayor consumo de huevos per cápita del mundo. Durante 2025, cada habitante consumió en promedio 398 unidades, una cifra récord que no solo refleja un cambio en los hábitos alimenticios, sino también el crecimiento sostenido de toda la cadena productiva.
Según datos de la Cámara Argentina de Productores Avícolas (CAPIA), el incremento fue de 35 huevos más por persona respecto al año anterior, impulsando una producción que ya roza los 19.000 millones de unidades anuales. Este salto también se traduce en un aumento del parque avícola, que supera las 62 millones de aves en todo el país.
El fenómeno tiene una explicación clara: el huevo se posicionó como la proteína más accesible frente al encarecimiento de otros alimentos. Su consumo se expandió en todos los sectores sociales, desde familias que buscan opciones económicas hasta personas que priorizan dietas saludables y ricas en proteínas.
Un negocio en expansión
El crecimiento del consumo generó nuevas oportunidades comerciales. En la actualidad, existen alrededor de 1.500 locales exclusivos de venta de huevos, muchos de ellos bajo el formato de franquicias. A esto se suma el auge de la venta informal, con repartidores independientes que comercializan el producto de manera directa.
También se multiplicaron las compras comunitarias para acceder a precios mayoristas, una práctica cada vez más habitual en barrios y espacios laborales.
Otro segmento en pleno crecimiento es el de la albúmina, la clara de huevo en polvo, muy demandada por personas que realizan actividad física o buscan complementar su alimentación con proteínas de alta calidad.
La otra cara del boom
Sin embargo, el crecimiento del sector trae consigo desafíos importantes. Uno de los principales es el aumento del contrabando de huevos desde países vecinos como Bolivia y Paraguay. Este fenómeno ya representa el 0,7% de la producción nacional, con un incremento significativo en el último año.
Desde el sector advierten que esta práctica no solo genera competencia desleal, sino que también implica riesgos sanitarios.
Además, los productores reclaman cambios en la política impositiva, ya que el huevo tributa un IVA del 21%, muy por encima de otros alimentos como la carne, lo que impacta directamente en el precio final.
Un consumo que llegó para quedarse
El auge del huevo comenzó durante la pandemia y, lejos de frenarse, se consolidó como una tendencia estructural. Su versatilidad, valor nutricional y costo lo posicionan como un alimento clave en la mesa de los argentinos.
Mientras el consumo sigue en alza, el desafío será sostener el crecimiento del sector con reglas claras, control sanitario y condiciones que favorezcan tanto a productores como a consumidores.