Estados Unidos volvió a mover fichas en el tablero de Medio Oriente y reclamó a Israel que dé el paso hacia la segunda fase del alto al fuego que detuvo los combates en Gaza. El planteo fue realizado durante una reunión de alto nivel celebrada el sábado con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en un contexto marcado por presiones internas y expectativas internacionales.
El encuentro se llevó a cabo con la participación del enviado presidencial Steve Witkoff y de Jared Kushner, asesor en temas de Medio Oriente, quienes transmitieron la preocupación de Washington por sostener el acuerdo que permitió frenar la guerra. Desde la Oficina del Primer Ministro confirmaron la reunión, aunque evitaron adelantar una postura concreta sobre el futuro inmediato de la tregua.
Por el momento, Israel no dio señales claras de avanzar y se limitó a señalar que el asunto será evaluado recién la próxima semana. Netanyahu enfrenta una fuerte presión política interna para no habilitar la segunda etapa hasta que Hamás entregue los restos del último rehén que permanece en Gaza, un punto que sigue trabando cualquier definición.
En este escenario, el cruce fronterizo de Rafah aparece como un elemento central. Su eventual reapertura no solo tendría impacto logístico para el ingreso de ayuda humanitaria, sino que también sería interpretada como una señal política inequívoca del inicio de la nueva fase del acuerdo, algo que buena parte de la comunidad internacional espera con urgencia.
Mientras tanto, en otro frente, Donald Trump endureció su discurso y apuntó directamente contra Canadá. A través de sus redes sociales, el presidente estadounidense advirtió que aplicará aranceles del 100% a todos los productos canadienses si Ottawa concreta un acuerdo comercial con China. El mensaje estuvo dirigido al primer ministro Mark Carney y fue acompañado por declaraciones de alto voltaje político.
Trump sostuvo que una alianza económica entre Canadá y China tendría consecuencias negativas profundas y aseguró que afectaría la estructura productiva y social del país vecino. La advertencia encendió alarmas por una posible escalada en la guerra comercial y generó preocupación en los mercados regionales.
La respuesta canadiense no se hizo esperar. Carney defendió la autonomía económica de su país y rechazó los planteos del mandatario estadounidense, subrayando que Canadá no depende de Estados Unidos para prosperar y que sus decisiones comerciales responden a intereses propios.
Así, con presiones diplomáticas en Medio Oriente y amenazas comerciales en el continente americano, Estados Unidos vuelve a marcar el ritmo de una agenda internacional atravesada por tensiones, negociaciones frágiles y decisiones que podrían tener impacto global en el corto plazo.