La situación en Medio Oriente volvió a tensarse en las últimas horas luego de que Irán denunciara nuevos ataques sobre su infraestructura energética, desmintiendo así la supuesta tregua anunciada por Estados Unidos.
Desde Teherán rechazaron de manera categórica la versión difundida por Donald Trump, quien había asegurado que existían conversaciones “productivas” y un freno a las ofensivas militares. Las autoridades iraníes calificaron esas declaraciones como “noticias falsas” y negaron cualquier canal de diálogo abierto.
Según reportes de medios locales, los bombardeos impactaron en instalaciones vinculadas al sistema de gas, incluyendo una estación de regulación en Isfahán y un gasoducto que abastece a una central eléctrica en el suroeste del país.
La contradicción entre ambas versiones reavivó la incertidumbre internacional y tuvo un efecto inmediato en los mercados: el precio del petróleo, que había mostrado una leve baja tras el anuncio de una posible tregua, volvió a dispararse y superó nuevamente los u$s100 por barril.
En los mercados asiáticos, el rebote fue cercano al 4%, reflejando la sensibilidad del crudo frente a cualquier señal política en un contexto de alta volatilidad.
Analistas advierten que el anuncio de una eventual desescalada podría haber tenido como objetivo enfriar momentáneamente los precios, aunque la falta de confirmación y los nuevos ataques volvieron a poner en evidencia la fragilidad del escenario.
Así, la persistente tensión en Medio Oriente se consolida una vez más como el principal factor que condiciona la estabilidad del mercado energético global.