Cosas de locos
El sujeto loco es excluido porque es incapaz de producir lo que la sociedad necesita que el hombre produzca, aunque sea el hombre loco un producto de la sociedad.
#Psicología

Cosas de locos

Solo algunos se aventuran hacia la locura, comprendiendo que “no se vuelve loco el que quiere”, como lo afirmaba un tal Lacan.

Psicoanalista, se dedica a la psicología clínica y es especialista en Abordaje de Psicosis.

(+ Info)
24/09/2020

Fue este también quien llamó a los psicoanalistas a “no retroceder frente la psicosis”. Es que no solo desde la clínica; sino más bien desde el anclaje social del analista. Cuando es su propio sujeto producto de la cultura, la locura es ubicada a un margen de la sociedad, como un rechazo. Siempre fue así, desde la edad media en donde eran dejados fuera de los muros de las ciudades o subidos a las “Stultifera Navis” (navíos de los locos), enviados a navegar sin patria ni destino, o aun cuando los asimilaron como hijos de la sociedad encadenados dentro de asilos, vemos al loco como algo que no encaja, que no orbita dentro de nuestros registros ni instituciones.
Por suerte en Santiago los podemos ver deambular con algo de libertad, aunque hay veces que, si es que acaso alguno los nota al pasar y prestan atención como a cualquier otro ser humano, los encontraran presos de sus padecimientos.
¿De qué están presos, o qué significa el rechazo que pesa en ellos?
En principio, culturalmente falta de humanidad en la humanidad. Ese es el principal motivo de su ser rechazado. Pero también pesa en ellos una imposibilidad primordial frente al lenguaje que los diferencia del no-loco. Mientras que estos últimos (los cuerdos) buscan convencerse de este modo, de ser uno con el cuerpo, luego de la unidad entre uno y otros que los convierta en los no-locos. Bueno, en realidad no tan locos.
¿Qué nos diferencia a los humanos de los animales? Los humanos somos producto del lenguaje, nuestro cuerpo es atravesado por el y de aquel encuentro, se podría decir, es producto el sujeto. Entonces, ¿qué diferencia al loco del no-loco? La estructuración simbólica por medio del lenguaje, que le da cierta unidad a ese sujeto no-loco: El loco se encuentra imposibilitado de generar metáforas con su cuerpo, sobre su sexualidad en la que está inmerso, desarrollando modos extravagantes o excéntricos de relacionarse con él mismo, su entorno y los demás. Cuando hablamos de sexualidad, vayamos más allá del acto del coito, hablamos en un sentido sicoanalítico amplio (no como en la cabeza de algunos; pero sin duda lo van a hacer de cualquier modo y no es el momento de explicar a qué se refiere el psicoanálisis con respecto a los cuerpos sexuados. Quizás en otro momento).
Esta imposibilidad en el lenguaje del loco significa muchas cosas, pero entre tantas cuestiones que recaen sobre ellos, “incapacidad” es una de las más ruines definiciones. En principio, no son sujetos plenos de derecho a raíz de esta definición. Son descuartizados legalmente de las responsabilidades sociales que produce la cultura para que el sujeto se realice como actor social.
En cambio los locos no votan, no se casan, no pueden manejar dinero, no…, no…; pero no a sus derechos, justamente achacando que el loco no es capaz de lograr hacerse responsable de sus actos. En parte es así, pero solo en parte, ya que no existe la universalidad unívoca que se puede atribuir a las realidades de cada persona; sino más bien se debe abordar caso por caso, acompañando al “loco” a producir algo con su realidad. Lograr hacerlo responsable, por así decirlo, aunque sea por medio de otros.
Pero si de desmembramiento se tratase, tampoco son incluidos socialmente de manera plena, aun hoy, aunque se les haya otorgado por derecho esta inclusión con la Ley de Salud Mental sancionada hace ya casi una década.
El sujeto loco es excluido porque es incapaz de producir lo que la sociedad necesita que el hombre produzca, aunque sea el hombre loco un producto de la sociedad. Si comprendiésemos que el loco es capaz de muchas otras cosas; pero está imposibilitado de algunas cuestiones, podríamos avanzar como sociedad frente a la psicosis.
Existe una película que lo dice todo sobre cómo tratamos a la locura, sutilmente sostenida en una incómoda complicidad cómica que refleja la falta de humanidad que tenemos hacia nuestros locos: “Lars y La Chica Real”.
El lugar del hermano, avergonzado por la locura de Lars y casi temiendo por como los tratará la sociedad.
La angustia de la esposa del hermano, quien también teme; pero es más sensible hacia Lars y Bianca (su novia).
La doctora que aloja el discurso delirante de Lars y lo acompaña en el mismo para ver que se produce allí por medio de la palabra, la cual nunca es revelada más que en sus sesiones.
Los trabajadores de la peluquería, guardería, biblioteca, y demás integrantes de la comunidad que alojan a Bianca y el delirio de Lars, tomándola como una nueva integrante.
Se entiende y debe entender, como se dijo anteriormente, que no todo caso es idéntico al de Lars. Si, también existe la agresividad o violencia en algunos locos; pero no más allá del límite del no-loco. La diferencia del loco radica en que su pasaje al acto es precipitado, repentino, sin mediación de la razón. Sin embargo, podría parecer más aterrador el personaje no-loco que, pudiendo controlar sus impulsos no lo hace. O aun controlando excesivamente sus impulsos, razona de manera morbosa un atentado contra el otro.
Solo podremos comprender al loco, si convivimos con él.

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