Políticas y planes para crecer

La Argentina está necesitando que se busque amoldarla a su propia realidad y se configure un ideario de comunes objetivos al que todos sin excepciones brinden apoyo.

Periodista, editorialista y ensayista.

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02/10/2017
L

os argentinos hemos aprendido que el crecimiento desigual de las actividades económicas, amén de generar un sinnúmero de situaciones de injusticia social e incluso de degradación de la población en vastas zonas, implica una necesidad intrínseca al desarrollo capitalista.

Con crecimiento desigual no hay intercambio creciente en el tiempo, y se reduce la posibilidad de acumulación concentrada de excedente económico. Las causas de la desigualdad se encuentran en las raíces mismas del sistema, es por eso que los argentinos debemos empezar por convencernos  que el desarrollo estable e integral del país sólo podrá realizarse dentro de una continuidad en la que la actividad política sea una constante de la discusión y el análisis de los grandes problemas nacionales y de las propuestas para la solución.

Políticas y planes para los sectores agroalimentario y agroindustrial y un redimensionamiento territorial están llamados a ser piezas fundamentales para el proceso de desarrollo y exigen acciones inmediatas, porque las dificultades y las crisis en los tiempos que corren van más rápido que las aspiraciones que se puedan tener en materia económica.

La Argentina está necesitando que se busque amoldarla a su propia realidad y se configure un ideario de comunes objetivos al que todos sin excepciones brinden apoyo.

La unidad de los habitantes en torno a los objetivos que fija en Preámbulo Constitucional (“construir la unidad nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad”) merece ser recordada siempre, porque cada vez que se pretenden llevar a la práctica, teorías y principios de renovación, resulta imprescindible amoldar esa actitud a las reales características del país. Y la Constitución -más allá de las posiciones de coyuntura- nos señala el camino.

Nadie quiere que se pierda la estabilidad y el crecimiento económico. Pero de ahí, a que no se logren soluciones al costo social ocasionado, hay una brecha que no admite dilaciones para superarla. A partir de los problemas existentes, se deben mirar las cosas desde una perspectiva más permeable a los acontecimientos. Ya no debe ser tiempo de marchas y contramarchas, sino de soluciones efectivas que no sólo vayan en auxilio de los sectores postergados, sino en respuestas que hagan posible el máximo aprovechamiento del crecimiento económico que se viene registrando.

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