La OTAN, en una nueva guerra en la arena de Libia
Guerra
Los conflictos bélicos asolan Medio Oriente.
Hoy es más probable que 2016 termine con más guerras y no con menos que a sus inicios

La OTAN, en una nueva guerra en la arena de Libia

Rosendo Fraga Analista político
08/03/2016
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as potencias occidentales se preparan para abrir un nuevo frente de guerra en Libia, a más de 14 años de haber iniciado la de Afganistán. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en los EE.UU. iniciaron una intervención militar, que más de 15 después continúa abierta y puede extenderse. La intervención militar en Afganistán se inició antes de terminar 2001  y todavía continúa en el marco de una operación militar de la OTAN, que apoya al gobierno que enfrenta a los talibanes. La invasión a Irak que tuvo lugar en 2003, derivó en una victoria formal que permitió la retirada militar de EE.UU. y sus aliados ya en el gobierno de Obama, para dar paso en su segundo mandato a una cruenta guerra civil entre el Estado Islámico y el gobierno iraquí, apoyado militarmente por las potencias occidentales.

La “Primavera Árabe” que se inicia en 2011 derivó en Siria en una guerra civil, que sigue y ha involucrado a EE.UU. y Rusia, y sus respectivos aliados, en posiciones diferentes. En Yemen también se ha precipitado una guerra civil, con la intervención de Arabia Saudita por un lado e Irán por el otro. En Libia tuvo lugar cuatro años atrás una intervención militar de la OTAN que contribuyó a terminar con el régimen de Khadafy, pero a costa de dejar una situación caótica, que ahora requiere una intervención militar posiblemente más amplia que entonces.

El EI está trasladando parte de su estructura de gobierno y mando de Raqqa (Irak) a Sirte (Libia) y ello acentúa la amenaza terrorista sobre el flanco sur de la OTAN. En 2011, cuando tuvo lugar la intervención de la OTAN en Libia contra Khadafy, un ministro italiano dijo para justificarla que “no se puede permitir que se instale un Afganistán frente a las costas de Europa”.

Esto es lo que parece suceder ahora, con la posibilidad de que el Califato del EI traslade su centro de operaciones de Irak a Libia, en la medida que la coalición aliada lo siga golpeando allá y al mismo tiempo se siga descomponiendo el débil gobierno pro-occidental del país. La rama libia del EI ya amenaza a Egipto, Túnez, Chad, Somalia y Sudán, convirtiéndose en la organización del terrorismo fundamentalista islámico más gravitante en los países del África musulmana. Mientras la OTAN avanza en los acuerdos políticos y los planes militares para intervenir, Francia parece ser la avanzada de hecho, teniendo comandos y agentes que ya están actuando sobre el terreno. Los esfuerzos para unificar las facciones libias enfrentadas con el EI no prosperan con eficacia.

Es así como en poco tiempo el mundo tendrá dos guerras de la OTAN  (Afganistán y Libia), una coalición pro-occidental liderada por EE.UU.  bombardeando al EI en Irak y Siria, otra liderada por Rusia combatiendo a los enemigos de Assad en  Siria y otra liderada por Arabia Saudita luchando en Yemen. Pareciera el escenario de una “Tercera Guerra Mundial” en cuotas al que ha hecho mención varias veces el papa Francisco.   

Al mismo tiempo, el problema de los refugiados se agudiza en Europa, creando condiciones para el terrorismo islámico. La UE no se encuentra frente a un desafío fácil. Si se endurecen las políticas ello aumentará el resentimiento de los refugiados y ello hará más fácil su captación por parte de grupos como el EI. Si se avanza en una política de mayor liberalidad –lo que hoy parece difícil–, dicha organización tendrá facilidad para hacer entrar terroristas comprometidos en el continente. El EI ha anunciado que a través de los refugiados golpeará a Roma, cuna del cristianismo y recuperará el control que siglos atrás tuvo sobre gran parte de Italia y España. En el primer bimestre la entrada de refugiados ha superado varias veces la del año pasado. Más del 90% lo ha hecho a través de Grecia, viniendo la gran mayoría desde Turquía.

Los países de Europa van imponiendo cada vez más restricciones al tránsito de personas para impedir la llegada de refugiados. Macedonia cierra la entrada de los provenientes de Grecia con gases y cercas. A su vez Bélgica impide la llegada de los que entran desde Francia. Este país intenta desalojar con la policía el campo de refugiados que en Calais espera para pasar al Reino Unido, que impide su entrada. En este contexto, varios países han comenzado a utilizar Fuerzas Armadas para contener la entrada de refugiados. Pero el conflicto no es sólo de la UE. En los EE.UU., el avance de Trump en las primarias tiene como explicación la aversión al inmigrante de gran parte de los estadounidenses.

Sobre este escenario en el cual las guerras están aumentando en vez de disminuir, que Trump gobierne la primera potencia militar del mundo aumenta la incertidumbre. El precandidato republicano ha recibido el apoyo de Le Pen y ha elogiado a Putin, quien respondió de la misma forma. Cabe recordar que cuando el petróleo llegó a 20 dólares en 1989, se disolvió la URSS dada la crisis económica que vivía. Pero si eso sucediera ahora, Putin no actuaría como Gorbachov. Exaltaría el nacionalismo ruso con políticas agresivas. Cómo respondería Trump frente a ello, es un interrogante.

La cuestión es que los moderados parecen estar en retroceso en el escenario mundial y ello no favorece la paz mundial. Hoy es más probable que 2016 termine con más guerras y no con menos que a sus inicios. A esta situación se agrega el resurgimiento del nacionalismo en Asia, el surgimiento de nuevos conflictos por la soberanía marítima para explotar los recursos naturales del fondo del mar y el aumento del gasto militar y el despliegue de misiles, comenzando por China e India y siguiendo con los países medianos del continente.  

En conclusión: el avance del EI en Libia va camino a precipitar una nueva intervención militar para contenerlo por parte de los países de la OTAN, con lo cual se sumaría una guerra más a las que están en desarrollo; la situación en Libia implica una amenaza directa sobre el flanco sur de la OTAN, al alcanzar a los países del Mediterráneo occidental: España, Francia e Italia; el problema de los refugiados permite al EI y grupos afines ampliar sus posibilidades de reclutamiento en el continente europeo, cualquiera sea la política que la UE adopte frente a ellos y la posible llegada de Donald Trump al gobierno de la primera potencia militar del mundo aumenta la incertidumbre internacional dado el escenario de conflictos crecientes.

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