Los vapeadores dejaron de ser una rareza para convertirse en una escena cotidiana. Se ven en reuniones, en la calle, en redes sociales y, cada vez más, entre adolescentes y jóvenes que muchas veces los incorporan como una moda sin medir sus posibles consecuencias. Frente a ese avance silencioso, el médico cardiólogo Facundo Lezana habló en LV11 y encendió una advertencia necesaria: vapear no es una práctica inocua.
Durante su participación, Lezana explicó que el uso de vapeadores debe ser observado con responsabilidad médica y social, sobre todo porque muchos usuarios creen que se trata apenas de “vapor de agua” o de una alternativa sin riesgo frente al cigarrillo tradicional. Sin embargo, los especialistas advierten que estos dispositivos pueden contener nicotina, sustancias químicas y aerosoles que ingresan al organismo.
La Organización Mundial de la Salud señala que los cigarrillos electrónicos calientan líquidos para generar aerosoles que son inhalados por el usuario, y que esos líquidos pueden contener nicotina, aditivos, saborizantes y otros productos químicos potencialmente nocivos. También advierte que sus emisiones suelen contener sustancias tóxicas perjudiciales para quienes los usan y para quienes quedan expuestos al aerosol ajeno.
Uno de los puntos más delicados es el impacto en adolescentes y jóvenes. La OMS sostiene que la nicotina es altamente adictiva y que, en niños y adolescentes, puede afectar el desarrollo cerebral y generar consecuencias vinculadas al aprendizaje y la ansiedad. Además, remarca que los cigarrillos electrónicos con nicotina son perjudiciales para la salud y muy adictivos.
Desde la mirada cardiológica, la advertencia cobra todavía más peso. El vapeo no solo abre interrogantes respiratorios, sino también cardiovasculares. Por eso, la explicación de Lezana en LV11 apunta a desmontar una idea peligrosa: que el vapeador es “menos malo” y, por lo tanto, puede usarse sin mayores cuidados.
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El fenómeno también preocupa por su llegada a los más chicos. Diseños llamativos, sabores dulces, dispositivos pequeños y una fuerte circulación en redes sociales ayudaron a instalar el consumo como una práctica moderna, casi despojada de riesgo. La OMS advirtió que estos productos se promocionan entre jóvenes con miles de sabores atractivos y que incluso una exposición breve a contenidos sobre cigarrillos electrónicos en redes puede aumentar la intención de usarlos.
En la Argentina, el tema volvió a ganar relevancia pública. La Disposición 3226/2011 de ANMAT prohibió la importación, distribución, comercialización y publicidad del cigarrillo electrónico y sus accesorios. A la vez, la reciente Resolución 549/2026 del Ministerio de Salud avanzó en requisitos para el registro, comercialización y fiscalización de productos de tabaco y nicotina, incluyendo dispositivos de cigarrillo electrónico y soluciones líquidas.
Esa misma resolución cita datos del Observatorio Argentino de Drogas de SEDRONAR 2025, según los cuales entre estudiantes secundarios los vapeadores y cigarrillos electrónicos aparecen como una de las sustancias de mayor consumo, con una tasa del 35,5%. El dato confirma que no se trata de una discusión lejana, sino de un problema que ya atraviesa a las familias, las escuelas y los sistemas de salud.
La entrevista de Facundo Lezana en LV11 deja una conclusión clara: el vapeo no debe naturalizarse como una moda inofensiva. Puede generar dependencia, instalar hábitos de consumo desde edades tempranas y exponer al organismo a sustancias cuyo impacto todavía sigue bajo estudio.
La recomendación médica es simple y contundente: informarse, no minimizar los riesgos y consultar con profesionales de la salud antes de considerar cualquier dispositivo como una alternativa segura. Porque detrás de la nube aromatizada que muchos ven como algo liviano, puede haber un problema sanitario mucho más serio.