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La Provincia Pierre, desde la mirada de los otros: episodio III

Una fe inquebrantable que llegó a las periferias

Un recorrido por la vida del sacerdote haitiano, su carrera y su legado: cómo nació y floreció su vocación religiosa en un entorno de profunda complejidad espiritual

El ingeniero Pedro Fils Pierre, había venido a Santiago del Estero desde Francia a principios de la década de los 60. Su cercanía al catolicismo provenía de lo que le había inculcado fuertemente su madre, quien era muy creyente. Desde el otro continente, tenía ya la tendencia de que quería encomendar su vida a un destino mucho más poderoso y que pueda ayudar a quienes más lo necesiten. Eso se concretaría en su estadía en Santiago del Estero, donde se decidiría por emprender un camino en una misión sacerdotal que lo acompañó toda la mitad de su vida. Eso marcó también la vida de muchas personas, y dejó una huella profunda en la comunidad santiagueña.

Sobre ello y más detalles que nunca antes se contaron, abordaremos en esta serie de informes, con testimonios de personas que estuvieron cerca de él y que lo conocieron como nadie.

El sacerdote Pedro Fils Pierre sí que dejó una huella imborrable en Santiago del Estero, principalmente en la comunidad creyente y en la ciudad de La Banda, donde destacó su misión pastoral. A lo largo de estos informes, recorreremos momentos de su vida, de su carrera, desde las miradas y testimonios de personas que lo conocieron. Y es especialmente recordado por su labor pastoral y por encabezar un famoso exorcismo en la ciudad de La Banda en 1984.

 

 

Un destino

El ingeniero Pedro Fils Pierre, había venido a Santiago del Estero desde el otro continente, a principios de la década de 1960. Contratado para ejercer una función técnica en la Corporación del Río Dulce, institución estatal que por entonces generaba grandes expectativas de desarrollo y progreso. Habiéndose radicado definitivamente en nuestra provincia, luego, decidió ingresar al Seminario Católico, de donde egresó como sacerdote.

Luego de ejercer su profesión en dependencias públicas de su país, realizó un curso de perfeccionamiento en París y se trasladó a África, donde sirvió como profesor de Matemática, Física, Topografía y Cómputos en la Escuela Normal de Profesores, en el Liceo Técnico y en la Escuela Superior de Obras Públicas de Bahamaco, República de Mali. Cumplida su labor en Sudáfrica, en 1965 llegó a la Argentina y realizó estudios de posgrado en Hidráulica Sanitaria en la Facultad de Ingeniería de la UBA (Universidad de Buenos Aires). Al año siguiente, llegó a Santiago del Estero y fue designado jefe del Departamento de Estudios y Proyectos del Servicio Provincial de Agua Potable en la Corporación del Río Dulce.

Merced a su trabajo, se puso en contacto con la gente del interior. La humildad, el sufrimiento y la necesidad de Dios que advierte en la gente despertaron en él su vocación de ayuda a los otros, que con el tiempo sería ya una vocación sacerdotal e inmediatamente después, su misión sacerdotal. “Era un buen hombre, una buena persona. Tenía una convicción que yo pocas veces vi, y no sabía cómo hacer para llegar al interior de cada persona, que él creía necesitaban la palabra de Dios y la fe”, dijo Héctor Ruiz, otra de las personas que estuvieron cerca del sacerdote.

Ruiz fue presidente de la Junta Parroquial durante mucho tiempo y desde la gestión de Pierre en la Parroquia Cristo Rey de la ciudad de La Banda. “Lo conocí entre el año 1979 y 1980; éramos entre 10 y 12 matrimonios jóvenes, que empezamos a conformar lo que sería la Junta Parroquial. Somos gente, familias muy cercanas a la Iglesia. Yo vivía a dos cuadras de la Parroquia Cristo Rey, y con mi esposa íbamos”. Actualmente, viven en el barrio Nuevo San Carlos, en la misma ciudad.

“A través de las Hermanas Doroteas, comenzamos a participar más de la iglesia. Y con el tiempo, comenzó a nacer más allá de la figura de sacerdote, un amigo, y fue un gran amigo. Ser un confidente y un compañero de camino. A través de la concurrencia a misa, fuimos fortaleciendo ese vínculo. Él veía el carácter y el carisma de cada persona para proponerle de qué grupo formar parte. Bueno, yo era joven y me eligieron como presidente de la Junta Parroquial, donde Elena (Jozami) era la secretaria ´Pupo´(Sayago) era el vicepresidente”, detalló.

Y así, describió: “Luego, por cuestiones de organización, el mismo padre nos pidió que nos dividamos y conformemos: por un lado, el Grupo de Hombres de Acción Católica y, por otro, el Grupo de Mujeres de Acción Católica”.

Por su parte, Héctor “Pupo” Sayago y Elena Jozami de Sayago, en su diálogo con Nuevo Diario, remarcaron “que el padre Pierre era un sacerdote diferente. Era alguien único y con una gran fuerza de oración y fe. Se despertaba a las 5 de la mañana, y uno, cuando pasaba tempranito por frente de la Iglesia Cristo Rey, se podía ver una lucecita a través de la puerta de ingreso. Eso significaba que él ya estaba arriba e iniciaba su jornada orando. Dedicaba mucho tiempo a la oración”.

Así se conformaron alrededor de 35 grupos que trabajaban codo a codo con el padre Pierre.

 

 

Una misión pastoral

“Él vino de un país donde había mucha macumba, pero su familia y su madre eran muy católicas. Vino ya con una gran fortaleza en el catolicismo. Tenía esa visión y esa fe muy grandes”, detalló Héctor. “Era un hombre muy pulcro en su presencia y en su persona. Usaba su sotana o su traje gris, en todo momento. Fue una ayuda espiritual muy fuerte para toda la gente que lo conoció”, agregó.

Tras radicarse en Santiago del Estero, en los años 60, Pierre decidió consagrarse al sacerdocio. Ejerció gran parte de su labor en la Iglesia Cristo Rey de La Banda, convirtiéndose en una figura muy querida por la comunidad local. Y según los testimonios recabados hasta el momento, ya en mediados de los años 70, iniciarían su misión pastoral en Santiago del Estero.

A su generosa entrega en el trabajo profesional por la dotación de agua a poblaciones del interior de la provincia, unió a otros servicios, el ministerio religioso fiel a la doctrina social de la Iglesia, humanizar a este mundo rodeándolo de condiciones dignas de ser vividas para divinizarlo después.

En cuanto a los estudios sacerdotales, los filosóficos fueron cumplidos en la UCSE (1968-1969) y los teológicos en el Seminario Conciliar Metropolitano de San Miguel de Tucumán. Así fue que Pedro Fils Pierre fue ordenado sacerdote el 25 de enero de 1974 por monseñor Manuel Tato en la Catedral Basílica, donde prestó sus primeros servicios. En 1979 fue designado párroco de Cristo Rey, en la ciudad de La Banda.

“Nunca dejó desamparada a ninguna persona. Tenía un compromiso con asistir y ayudar a todas las personas que eran admirables”, relató Héctor.

 

 

Un niño y un pastor

Pedro Fils Pierre nació en Gonaïves, Haití, el 11 de febrero de 1937. Se graduó como ingeniero civil en la Universidad Estatal de Puerto Príncipe antes de llegar a Argentina en la década de 1960 para trabajar en la Corporación del Río Dulce.

Desde muy niño, demostró su inteligencia y su facilidad para el estudio y los deportes, destacándose como un gran nadador, y ya en su juventud ganó un concurso universitario de pulseadas en la isla.

Hizo la escuela primaria en el Colegio de los Hermanos del Sagrado Corazón y en la misma ciudad la secundaria. Su capacidad le facilitó las cosas y logró lo que no todos consiguen en su país: realizar una brillante carrera universitaria y graduarse como ingeniero civil en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Estatal en Puerto Príncipe.

La memoria de un hombre santo no comienza en los altares, sino en el polvo cotidiano de sus primeros pasos. Mucho antes de que su figura se recortara contra el horizonte de los barrios santiagueños, el pequeño Pedro Fils Pierre descubría el mundo bajo un cielo muy distinto. Su infancia estuvo cobijada por el rumor de geografías lejanas y el calor de un hogar donde la fe no era una palabra abstracta, sino el pan de cada día. Allí, entre los juegos propios de la niñez y las primeras responsabilidades, comenzó a moldearse una sensibilidad única hacia el dolor y las esperanzas ajenas.

“Su madre era muy creyente y eso caló hondo en él. Ya desde muy adolescente y joven, cuando estudió, en el seno de una familia de mucha fe, se fue formando lo que sería como hombre. Era un hombre dedicado a su misión pastoral”, indicó Héctor Ruiz, quien lo acompañó en muchos años de su gestión en Cristo Rey.

Por su parte, Héctor Sayago, remarcó: “Era una persona que nos transmitió la fe y su amor por Dios. Pero sobre todo era una persona muy avocada a la oración. Tenía muchos momentos de orar, de estar a solas. Eso le permitía seguir adelante a pesar de obstáculos que se le presentaran. Y nos transmitió eso también”.

 

 

Una fe inquebrantable

En esos años, los grupos de Jóvenes Carismáticos que se encargaban de recorrer los barrios para traer a las familias a la iglesia, llegaron a la casa de Gustavo Navarrete, otro de los testimonios recabados en este recorrido.

“Yo tenía 9 años para 10, y me acuerdo muy bien de todo eso. Este grupo de jóvenes, por la tarde, nos hacía ensayar para el pesebre; luego hacíamos actividades recreativas. y compartíamos lindas tardes. Entonces unían a las familias, invitaban a las escuelas, la idea de esos momentos era unir a las comunidades en estos eventos. Y nos invitaban para las misas los domingos. Un día hemos venido con mi familia, y ahí conocimos al padre Pierre. Y más me llamaba la atención lo raro en la forma en que hablaba. Se trababa para expresarse, para hacerse entender. Siempre andaba con su sotana grisácea, por todos lados andaba así y eso también era llamativo”, agregó.

Luego, entre 1984 y 1985, se desempeñó como rector de la UCSE. “Tenía una humildad de obediencia, tanto como su sabiduría, su intelecto y un nivel de equilibrio. Cuando el obispo lo convocó y le pidió que se hiciera cargo de la rectoría de la Universidad, no estaba muy convencido de hacerlo, pero lo hizo igual. Le dijo en ese momento: ´Monseñor, bueno, si usted lo requiere y dice que así debe ser, yo lo haré´”.

“Era una buena persona. Quería transmitir y brindar todo lo que sabía, pero no sabía más cómo llegar a quienes lo necesitaban. Se autoexigía porque ese amor que consiguió a través de Dios, luchaba para que la gente tenga esa gracia. Ha luchado por sus convicciones, en algunos casos errado y en otros, acertado, porque era como todos, humano”, definió Ruiz ante la consulta de cómo definía a Pierre.

Y ante lo mismo, Elena dijo: “Era alto, muy grande. Él siempre iba adelante, nosotros por detrás. Desde que contrajo la enfermedad de hepatitis en África y logró sanar, y ya estando aquí, él sabía que iba a morir. Lo sabía. Nosotros hemos deducido con el tiempo que, viajó varias veces y no nos decía nada. A muchos de nosotros nos hizo despertar cuestiones específicas en relación a la fe, a la Iglesia. Yo era secretaria en la Junta Parroquial, tenía que seguirlo porque hablaba y hablaba; yo tenía que tomar notas y me costaba. Y cada vez que tenía que hacer un trabajo, yo le preguntaba: Padre, ¿para cuándo necesita que hagamos esto? Él me contestaba: Para ayer, urgente. Entonces, ¿qué me quería decir con eso?”.

A su vez, Sayago, agregó: “Él era el motor, proponía, establecía los lineamientos y los demás lo acompañábamos en la misión. Tenía una fuerza muy grande en su fe, en su convicción”.

 

 

 

Su figura más allá de la fe

La misión sacerdotal superó su figura de hombre, lo sobrepasó. Y lo inmortalizó en las comunidades que logró dejarles un legado. Un mensaje de su fe y de su amor por ayudar a los demás. Ese y eso era Pierre, que tenía una fortaleza incansable en su misión sacerdotal. Quien llegaba a terapia, a esos lugares donde muchas personas se encontraban atravesando momentos de extremo dolor, y visitaba uno por uno a los enfermos, para asistirlos y acompañarlos. Eso era su luz y es lo que lo hizo diferente a todos.

En 1986 se hizo cargo de la parroquia Nuestra Señora de Lourdes para volver definitivamente a la parroquia Cristo Rey el 6 de agosto de 1987. En sus doce años dotó a La Banda de un hermoso templo y un jardín de infantes para los niños del barrio (1990). También creó una escuela primaria, transformando el salón parroquial en dos aulas.

En 1994 creó el Bachillerato Humanístico, que fue su sueño, pero la muerte no le permitió verlo crecer. En su homenaje, dicha institución educativa lleva su nombre.

Los testimonios siguen y cada vez develamos más aristas y fracciones de la vida de Pierre que se encontraban dormidas, olvidadas o incluso, resguardadas y que nunca nadie había tratado de conocer. En informes venideros seguiremos hablando con más personas que estuvieron cerca de él, y que por ello, vivieron momentos que cambiaron su vida y su forma de ver la existencia humana y espiritual, para siempre.

Desde su misión evangelizadora, su lucha inigualable contra el mal en un exorcismo que conmocionó a la provincia y hasta su eterno legado. Todo eso y detalles que nunca antes fueron contados, ni publicados, abordaremos en estos informes. Incluso eso, será poco para conocer y abarcar la figura que significa aún hoy Pierre, desde la mirada de los otros.

Por WEC

(Periodista e Ilustrador digital)

Pedro Fils Pierre Informe especial Pierre desde la mirada de los otros
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