La historia de la empresa Luis J. D. Scorza y compañía SA (conocida en el rubro como Scorza) en Santiago del Estero, debe ser un punto de reflexión sobre todo aquello que no representa al sector productivo ni aporta al desarrollo de la provincia sino; por el contrario, se alimenta como un parásito que pretende vivir a expensas de su anfitrión.
Es la denominada empresa basura, con códigos comerciales de “rapiña” que va migrando esporádicamente como una nómade en busca de ventajas desde Oncativo (provincia de Córdoba) hasta donde la ocasional tentación de neto beneficio económico la lleve.
Corrían los finales días del mes de mayo de 2022 cuando, en el afán antes descripto, abría sus puertas en la Ruta 5 lo que Nuevo Diario denominó en su publicación como “oficinas comerciales” (https://www.nuevodiarioweb.com.ar/provinciales/344262-se-inauguro-en-santiago-un-local-comercial-de-la-firma-cordobesa-scorza.htm) y; tanto Luis Alberto Demaría (director titular de la empresa y embustero de reconocido "renombre", según fuentes calificadas) y otros medios de comunicación desprevenidos, anunciaron como “planta de montaje y equipamiento de maquinarias de higiene urbana”.
Según Demaría, a los diez trabajadores contratados por la empresa iban a sumarse otros ya que en un futuro tenían proyectado el montaje de una planta de ensamble de sus productos y que “la idea es avanzar hacia todo el Norte Grande y quisimos que Santiago del Estero sea nuestro punto de partida, porque reúne todas las condiciones para trabajar dándole la importancia que se merece a la región”.
Después de aquel día de fanfarria y “espejitos” anunciado a viva voz por Demaría nada se volvió a saber del discurrir industrial y comercial de Scorza en Santiago del Estero. Ni ampliación de instalaciones, ni contratación de más empleados, ni apertura de otras oficinas o naves en el Norte Grande, ni plantas de montaje, ni aporte alguno a la producción, empleabilidad y desarrollo de Santiago del Estero.
En el mundo de las ideas de los inescrupulosos, dentro del patrañero esquema de pensamiento de Luis Demaría no hubo mejor idea que tratar de estúpidos a los santiagueños imprimiendo en la cisterna de algún camión la frase "hecho en Santiago" cuando, en el entorno de los que saben y conocen, los equipos son traídos desde la empresa Bosque, en la vecina provincia de Córdoba. "Miente, miente, que algo quedará", parece ser el norte empresarial de baja estofa de Demaría y compañía.
Ni en la página web oficial de Scorza (https://www.scorza.com.ar/), ni en las redes sociales de los de Oncativo figura la planta de Santiago del Estero. ¿Por qué no promocionar entonces lo que hace tres años era el puntapié inicial de una gran expansión? Porque jamás estuvo en los planes de esta parasitaria más que la “gitaneada” ocasional de “morder y salir”.
Lo realmente sorprendente es el bastardeo de haber pretendido tratar al santiagueño de "opa", en virtud de que es la única provincia en la que pretendió realizar “el cuento del tío” tras haber modificado en el mes de marzo de ese año y, según consta en el Boletín Oficial de Córdoba, una ampliación del capital social, de los alcances del accionar de la empresa con actividades que nada tienen que ver con su naturaleza (punto H: “Actividades agropecuarias mediante la explotación, administración, compraventa, cultivo y aprovechamiento integral de los recursos productivos por cuenta propia o de terceros de toda clase de establecimientos agrícolas, ganaderos, forestales, frutícolas o de granja. A tal fin la sociedad tiene plena capacidad jurídica para adquirir derechos y contraer obligaciones”).
En definitiva, la vocación del parásito comercial es la misma del biológico: alimentarse y vivir a expensas de otro organismo, su hospedador, y puede ser perjudicial para este.
Solo que, en este caso, el negocio basura se equivocó de organismo y hoy es mostrado por voces calificadas del empresariado local en su desnudez impúdica, que jamás debió ser velada a los ojos de la opinión pública.