Hay trayectorias que se construyen nota a nota, con la paciencia del artesano y la pasión del que sabe que la música es un llamado sagrado. Santiago Alvarado es hoy noticia nacional por su nominación como Productor del Año en los Premios Gardel, una distinción que llega a sus 38 años (camino a los 39) como el fruto maduro de una carrera que comenzó casi antes de que pudiera sostener un instrumento con firmeza. Pero para entender este presente de luces y escenarios globales, hay que volver la vista al corazón de La Banda.
Santiago no es un producto del azar. Es hijo de Adín Alvarado, un excelso músico y compositor cuya pluma y melodías han moldeado grandes éxitos de nuestra música popular. Fue esa “veta de gran madera sonora” la que Santiago heredó y supo tallar con identidad propia. Su padre, en diálogo con la prensa, no oculta un orgullo que trasciende lo familiar: “Lleva 30 años de escenario y pasa entre 12 a 15 horas diarias en el estudio de grabación”, relató Adín, pintando de cuerpo entero la ética de trabajo de su hijo.
Desde los siete años y medio, el Centro Recreativo fue su primer gran escenario junto al grupo Cima de Nuni Santillán. Luego vendrían los años de aprendizaje junto al patriarca Carlos Carabajal y su icónico grupo Los Miskys. Ya en ese entonces, se podía ver a ese “changuito bandeño” disfrutar de la música con una predisposición natural hacia todas las sonoridades, desde el folclore más puro hasta los ritmos que hoy dominan el mundo.
El Tiny Desk de Milo J: Identidad en cada detalle
La trascendencia de Santiago ha tomado un nuevo impulso tras el reciente estreno del Tiny Desk Concert de Milo J. En esta sesión, que ya recorre el planeta, Alvarado estuvo a cargo de los teclados y la melódica, formando parte de una banda eximia que incluyó voces como las de Leonardo y Carolina Gómez, la dirección musical de Lautaro Fernández y la participación especial de la murga uruguaya Agarrate Catalina.
Lo que hizo este Tiny Desk inolvidable para los argentinos fueron los detalles cargados de simbolismo. Mientras Camilo (Milo J) desplegaba su arte, todos los músicos lucían una escarapela en el pecho. En la icónica biblioteca, los ojos atentos pudieron descubrir un ejemplar del Martín Fierro, una revista “Folklore” con la tapa de Mercedes Sosa y una chapa patente con el mensaje directo: “Las Malvinas, Arg. 1982”. Un pañuelo blanco con "Nunca Más", la bandera Argentina y la emocionalidad de esta tierra. Santiago fue parte esencial de esa puesta en escena que fusionó la modernidad del trap con la fuerza de nuestra historia. Además, "Santi" dijo que sus raíces están presentes con la bandera de nuestra provincia, en una boina.
Un puente entre Leo Dan y Bizarrap
La versatilidad de Santiago Alvarado es asombrosa. A sus 20 años ya contaba con más de 100 composiciones y presentaciones en Europa y EE. UU. Esa capacidad lo llevó a colaborar con gigantes de la industria. Su huella está presente en los éxitos mundiales de Bizarrap con Quevedo y Shakira, participó en los discos de Trueno (incluyendo el hit Tranqui Funky) y ha trabajado con figuras como Duki, Nicki Nicole, J Balvin, Gorillaz y hasta el mismísimo Daddy Yankee.
Actualmente, junto a Milo J, suma 18 nominaciones por el disco “La vida era más corta”. A través de sus redes sociales, Santiago compartió su emoción: “Realmente estoy emocionado por recibir esta nominación en los Premios Gardel como Productor del Año, compartiendo terna junto a grandes amigos que admiro tanto. Gracias a Milo J por la confianza y a todos por el cariño”.
Es grato saber que un santiagueño trasciende con el arte que abrazó de niño. Santiago Alvarado supo sostener el llamado a la vibración musical desde miles de lugares, proyectándose desde la humildad del estudio hasta las alfombras rojas internacionales. Es, en esencia, aquel changuito bandeño que recorrió la Avenida Besares con ansias de volar y que hoy, con sus alas desplegadas, nos representa en el mundo entero sin olvidar nunca el sabor de su tierra.