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La Provincia Escuelas Abiertas

Ramón Barraza se despidió de las aulas tras casi medio siglo de trabajo

Su jubilación fue oficializada durante el aniversario de la escuela Técnica Nº 2, la misma que lo vio crecer desde su adolescencia.

La emoción se mezcló con los festejos por el 108º aniversario de la Escuela Técnica Nº 2 "Ing. Santiago Barabino" cuando el profesor Ramón Héctor Barraza recibió una noticia que marcará para siempre su historia personal: su jubilación.

Sin embargo, para Barraza no se trata simplemente del cierre de una etapa laboral. Su vínculo con la institución atraviesa casi cinco décadas y está tejido con recuerdos, aprendizajes, sacrificios y sueños cumplidos. Fue alumno durante siete años, empleado administrativo, docente durante cuatro décadas y hasta habitó junto a su familia dentro del establecimiento educativo.

"El patio de juegos de mis hijos era la escuela. La galería, los espacios verdes, todo esto era parte de nuestra vida cotidiana", expresó.

La historia de Barraza es también el reflejo de lo que representa la educación técnica para miles de jóvenes. Con orgullo recordó cómo los conocimientos adquiridos en la institución le permitieron dar sus primeros pasos laborales. "Compré mi primer terreno haciendo soldaduras en la calle junto a un compañero egresado de esta escuela. De a poco juntamos el dinero y pude construir mi futuro", contó.

Por eso, aprovechó la oportunidad para destacar la importancia de la formación técnica en el contexto actual. "Los chicos tienen que estudiar y aprovechar a los excelentes maestros que tenemos. Aquí pueden aprender a trabajar, algo que hoy es muy difícil encontrar", señaló.

A lo largo de su trayectoria no solo formó estudiantes en La Banda. Como analista de sistemas, recorrió distintas localidades santiagueñas dictando cursos de informática y capacitando docentes cuando las computadoras comenzaban a llegar a las escuelas.

Entre tantas anécdotas, recordó con especial cariño el reconocimiento recibido por parte de educadores del interior provincial. "Había profesores que tenían miedo de tocar una computadora. Les decía que era más dura que una licuadora y que le metieran mano. Ver cómo después crecían y enseñaban fue una enorme satisfacción", relató.

También quedaron grabados en su memoria los viajes junto a estudiantes, los campeonatos deportivos, las amistades construidas y los innumerables momentos compartidos dentro de la comunidad educativa.

Sin embargo, al llegar el momento de la despedida, la alegría por una nueva etapa se vio atravesada por la nostalgia.

"Pensaba que iba a estar feliz porque ya no tendría horarios ni obligaciones, pero no es así. Estoy triste. Voy a dejar de ver a mis amigos, a mis compañeros, a gente que quiero mucho", confesó.

Con la voz entrecortada, reconoció que la escuela fue mucho más que un lugar de trabajo. Fue el escenario donde construyó su familia, desarrolló su carrera y forjó vínculos que perdurarán más allá de la jubilación.

Antes de cerrar su testimonio, dejó un mensaje de confianza hacia el presente y futuro de la institución. Destacó el trabajo de las actuales autoridades y valoró las mejoras edilicias y tecnológicas que permiten seguir fortaleciendo la educación técnica.

Aunque las puertas de la escuela ya no lo recibirán cada mañana como docente, el profesor Ramón Héctor Barraza deja una huella imborrable en generaciones de alumnos y colegas. Porque hay personas que no solo pasan por una institución: se convierten en parte de su historia. Y en esta escuela la historia de Barraza quedará para siempre.

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