Germán Oviedo, profesor de Educación Especial, consideró ayer –en diálogo con Nuevo Diario– que "la discapacidad atraviesa una etapa muy importante", como así también "desafiante".
"Por un lado, existe más visibilidad, más legislación y más conciencia social que hace 20, 30 años. Eso es un avance enorme. Pero todavía existe una distancia importante entre los derechos que están escritos y la realidad cotidiana que viven muchas familias", expresó.
Oviedo trabaja en el campo de la discapacidad desde 1996. En lo últimos casi 30 años, acompañó –sobre todo– a niños y jóvenes con autismo, al igual que a sus familias.
"Seguimos observando dificultades en el acceso a diagnósticos oportunos, tratamientos sostenidos, inclusión educativa real y apoyos durante la adolescencia y la vida adulta. Argentina avanzó mucho en derechos. El desafío ahora es transformar esos derechos en apoyos reales y sostenibles", manifestó.
El profesor también trabaja en el Centro de Estudio y Desarrollo de Prácticas Cognitivas y Psicológicas Kaizen y coordina el proyecto Sendas, un espacio "orientado a la capacitación, la intervención psicoeducativa y la promoción de buenas prácticas en autismo e inclusión".
Según el docente, hay "un crecimiento enorme en la visibilización del autismo".
"Cuando empecé a trabajar, en 1996, el autismo era un tema del que se hablaba muy poco. Muchas familias atravesaban esos procesos en soledad, con mucha incertidumbre y con muy poca información. Hoy eso cambió: el autismo está presente en escuelas, universidades, medios de comunicación y espacios de salud. Pero concientizar no significa solamente usar un símbolo o hablar del tema una vez al año. Concientizar significa que una escuela sepa cómo enseñar, que una familia sepa dónde pedir ayuda y que una comunidad entienda que hay distintas maneras de aprender, comunicarse y participar", expuso.
Para el referente, "el autismo dejó de ser invisible, pero todavía necesita ser profundamente comprendido".
- Hay un cambio importante en la forma de entender el autismo. ¿Cómo lo ves?
- Durante muchas décadas, desde las primeras descripciones clínicas realizadas por Leo Kanner, el autismo fue abordado principalmente como un problema de la persona. Algo que había que corregir, normalizar o tratar. Hoy eso está cambiando, y es uno de los avances más importantes que hemos logrado. Hoy entendemos que el autismo es una condición del neurodesarrollo, no una enfermedad ni un problema en sí mismo. Pero si somos honestos, ese avance conceptual todavía no se refleja completamente en la vida cotidiana. Seguimos viendo muchos abordajes centrados únicamente en reducir síntomas o modificar conductas en la persona, mientras muchas veces se dejan de lado los cambios que deben hacer los contextos. Escuelas, sistemas de salud, espacios sociales, instituciones y comunidades todavía tienen mucho por transformar. Porque muchas de las dificultades que viven las personas con autismo no provienen solamente de su condición, sino de entornos que todavía no saben interpretar sus necesidades. Durante años intentamos cambiar a la persona con autismo. El gran desafío de esta época es que empiece a cambiar la sociedad.
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- ¿Cuáles son hoy las principales inquietudes de las familias?- Las preocupaciones de las familias también cambiaron mucho. Hace 20 o 30 años, la pregunta más frecuente era: "¿Qué le está pasando a mi hijo?" Había mucha incertidumbre alrededor del diagnóstico. Hoy las familias llegan con otra mirada. Preguntan cómo favorecer la comunicación, cómo mejorar la participación escolar, cómo acompañar conductas complejas, cómo promover autonomía y, sobre todo, qué va a pasar con sus hijos en la adolescencia, en la adultez y cuando ellos no estén. Eso nos muestra algo muy importante. Las familias ya no buscan solamente un diagnóstico: buscan calidad de vida, oportunidades y futuro.
- ¿Qué mensaje le darías a la sociedad?
- Mi mensaje es simple: las personas con autismo no necesitan lástima ni etiquetas; necesitan comprensión, oportunidades y contextos preparados para acompañarlas. La inclusión no empieza cuando abrimos una puerta. La inclusión empieza cuando una sociedad está dispuesta a revisar sus prácticas, modificar sus estructuras y aprender nuevas maneras de convivir con la diversidad. Cuando una comunidad aprende eso, no solamente mejora la vida de las personas con autismo... Mejora la calidad humana de toda la sociedad.
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