Durante su homilía, Bokalic remarcó el núcleo del mensaje cristiano al señalar que “no hay amor más grande: tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo”, y explicó que ese gesto representa la máxima expresión del amor divino hacia la humanidad.
En esa línea, el arzobispo hizo referencia al “misterio” y también al “escándalo” de la fe: “¿Cómo puede ser que Dios se haga tan pequeño, tan débil, tan pobre? Muchos no lo entendieron y se alejaron, porque no comprendieron que la razón es el amor”.
El religioso también vinculó ese mensaje con las situaciones cotidianas de dolor que atraviesan las personas. “En la enfermedad, en la soledad, en el sufrimiento, muchas veces nos preguntamos ‘¿por qué?’, como lo hizo Jesús en la cruz. Pero también estamos llamados a confiar y a decir ‘que se haga tu voluntad’”, expresó.
Al referirse a la Semana Santa, invitó a los fieles a vivirla con una mirada comprometida: “No dejemos de mirar a Jesús. Él nos amó hasta el extremo, y su mirada es compasiva, paciente y llena de paz”.
Finalmente, Bokalic convocó a la comunidad a una actitud concreta de solidaridad: “Estamos llamados a morir al egoísmo, al odio y al orgullo, para renacer a una vida nueva. Que podamos ser como el cireneo, ayudando a tantos hermanos que hoy están crucificados a nuestro lado, con una palabra, con cercanía y con esperanza”.
La celebración marcó así el inicio de una de las semanas más significativas para la fe cristiana, con un mensaje que invitó no solo a la reflexión, sino también al compromiso con los demás.