Con un repertorio que fusionó la fe popular con la alegría del monte, Santillán rindió homenaje a San Esteban, recreando la mística de una de las festividades más importantes del sentimiento santiagueño.
La participación de Armandito Santillán fue mucho más que una actuación musical; fue una verdadera celebración de la identidad. Con el respeto y la pasión que lo caracterizan, el artista transportó al público de la capital a los caminos de Maco y Sumamao, donde cada diciembre miles de fieles rinden culto al "Santo de los jóvenes".
Entre bombos, polvareda y guarachas
El escenario de Plaza Añoranzas vibró con un despliegue que recorrió los ritmos fundamentales de nuestra tierra:
- Chacareras y EscondidosCon letras que evocan el peregrinar de los promesantes y el repique de las cajas, Armandito hizo bailar a toda la plaza, recreando ese clima de comunidad que define a la fiesta de San Esteban.
- El Ritmo del Pueblo: No faltaron las guarachas referenciales, ese pulso inconfundible que une la devoción con el baile popular y que es marca registrada de las celebraciones en el interior de Santiago.
- Mística Tradicional: La presentación incluyó alusiones a las costumbres del santo, logrando que el público se sintiera parte de esa procesión de fe que une a familias enteras desde hace generaciones.
Una voz que custodia la raíz
Para Armandito, esta presentación en los 55 años del festival representó la oportunidad de poner en lo más alto las tradiciones que a veces quedan fuera de los grandes focos. Su homenaje a San Esteban fue un recordatorio de que la música santiagueña es, ante todo, una expresión de fe y pertenencia.
"Cantarle al Santo es cantarle a nuestra gente, a sus promesas y a esa alegría que solo nosotros entendemos", se sintió decir entre acordeones y guitarras en una noche que quedará grabada en el alma de los presentes.