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La Provincia

Alquileres altos y ventas en caída: el drama silencioso de los comerciantes

Locatarios advierten que sostener un local se volvió casi imposible: los costos superan el millón de pesos y las ventas no acompañan.

Agrandar imagen Alertan por alquileres impagables.
Alertan por alquileres impagables.

Persianas que se levantan con incertidumbre y cuentas que no cierran. Esa es la postal que hoy atraviesan muchos comerciantes en Santiago del Estero, donde el aumento de los alquileres comerciales se volvió una carga difícil de sostener en un contexto de ventas cada vez más bajas.

"Hay meses que no llegamos", resumió Estela Sequeira, con la preocupación marcada en cada palabra.

Como tantos otros, enfrenta un escenario donde el costo del alquiler supera el millón de pesos, mientras el ingreso diario no alcanza para cubrir gastos básicos.

La ecuación es cada vez más desigual: suben los alquileres, pero las ventas caen. "La gente no compra como antes, entra, mira y se va, o solo lo esencial para el momento", explicó Dolinda Márquez, quien lleva años en el rubro y hoy reconoce que la situación es "insostenible" a comparación de años anteriores.

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Detrás de cada local hay historias personales, familias que dependen de ese ingreso y proyectos que se construyeron durante años. Sin embargo, hoy todo eso parece tambalear. "Uno quiere seguir, porque es lo único que tiene, pero hay días que no sabés cómo hacer", expresó Sequeira.

El impacto ya se siente también en el entorno. Comerciantes aseguran que los locales vecinos comenzaron a cerrar o cambiar de manos con frecuencia. "Al lado ya se fueron varios, en lo que va del año ya cambiaron tres veces de inquilino", relataron, reflejando la inestabilidad que atraviesa el sector. Muchos comerciantes aseguran que están trabajando prácticamente para pagar el alquiler. "Es todo para el alquiler y los gastos, y nosotros quedamos en el medio", señaló Márquez, al describir una realidad que se repite en distintos puntos de la ciudad.

En este contexto, algunos ya bajaron sus persianas, mientras que otros resisten como pueden, apelando a promociones, reduciendo gastos o incluso trabajando más horas. Pero el panorama no mejora. Así, entre números que no cierran y la esperanza de que algo cambie, los comerciantes siguen apostando a no bajar los brazos. Pero cada día que pasa, la pregunta se repite con más fuerza: ¿hasta cuándo podrán resistir?

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