Martín Llugdar, dueño de una cadetería, comentó ayer –en diálogo con Nuevo Diario– que "hay mucha gente que se arrima (al local) buscando trabajo".
Llugdar estableció su cadetería en 2021, en la ciudad Capital, tras el confinamiento obligatorio por la pandemia de Covid-19. "Somos nuevos… Nacimos por la demanda que había en su momento. Esto ha ido creciendo, a diferencia de las demás cadeterías", relató.
Unas 22 personas trabajan en el local. "Sacando a la gente que me conocía, recibía un aproximado de 20,25 llamados por día. La mayoría era para hacer envíos de comidas. Hoy estoy teniendo, de lunes a viernes, un promedio de 100 llamadas. El sábado, que es el día que más trabajamos, 120, 130 llamadas. Esto ha ido creciendo a medida que el negocio ha ido creciendo", destacó.
Los cadetes operan en horario comercial. "No tienen un horario fijo ni guardias. Algunos vienen por la mañana, otros por la tarde y otros por la noche… Trato de que cumplan seis horas diarias, por lo menos", contó.
Competencia
Según el dueño, "tratamos de contar con algunos servicios extras para diferenciarnos de lo que es Uber o Didi". "Vamos a los locales y retiramos (los pedidos). Hay veces que cierran, entonces el dinero lo dejamos en la cadetería. Después, el dueño pasa a buscarlo o se lo mandamos cuando abre. De esa forma, ellos tienen una venta online casi todo el día", agregó.
En ese sentido, "la idea es diferenciarse de las aplicaciones", sobre todo "en la comodidad que le puedes brindar al cadete". Otro ejemplo: "Tenemos un lugar donde ellos (los trabajadores) pueden comer, estar… Cosa que no pasa con las aplicaciones: están en la intemperie".
Por otra parte, "tratamos de diferenciarnos con los clientes". "Nosotros vamos a encontrar al cliente… No es necesario que estén esperando afuera, en la vereda. A veces, el Uber no baja ni siquiera de la moto. El servicio termina en el lugar. El Uber no te espera mucho. Por los precios que ellos manejan, tampoco pueden esperar tanto", apuntó.
Por último, Llugdar advirtió que "no tiene relación la diferencia de precios que manejan las aplicaciones: son muy bajos"; además, "la gente no tiene a dónde ir, a dónde reclamar; no tienen un lugar físico".
La tarifa que maneja el entrevistado es de $2.500, como mínimo; mientras que en las aplicaciones –por la misma distancia– ronda los $1.000.
Necesidades
Según Llugdar, "hay necesidad" en la sociedad santiagueña. "Algunos me dicen que ya trabajan, pero que quieren algo para los fines de semana. No tengo problema, porque sé que hay necesidad. Otros estudian y trabajan medio día nomás, y se arreglan. Se busca la forma de dar una mano y que ellos también colaboren conmigo. Está duro, pero la cuestión es buscar la manera de que todos puedan trabajar", concluyó.