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“Este lugar es para la sanación, es para el bien, aquí no se hace el mal”

Lo dijo Daniel Quintero, propietario del lugar donde se construye la figura gigante de San La Muerte y quien contó su historia de vida. Y de dónde viene su devoción.

El impacto de la gigantesca escultura que representa a San La Muerte en pleno interior del departamento Banda, sigue latente. Algunos vecinos no ven con buenos ojos la presencia de esta imponente figura que la pueden divisar a pocos metros de sus hogares. Para quienes todavía no la pudieron ver, para ingresar hay que dirigirse por Ruta 1 y en zona de La Bajada (departamento Banda), hay que ingresar por un camino de tierra y ripio, y a unos 200 metros de la ruta, se encuentra este predio.

El lugar tiene una superficie de aproximadamente 8 hectáreas, donde se pueden ver en la entrada principal las figuras del Gauchito Gil, Mama Antula y San La Muerte, en pequeños altares a una altura promedio de entre 1,70 metros y 2 metros. Al bajar por este camino, ya se puede divisar esta figura en honor a San La Muerte, que tiene una altura de 13 metros.

En un diálogo exclusivo con Nuevo Diario, Daniel Quintero, propietario del predio donde se está construyendo la imagen gigante de San La Muerte, comentó cómo nació su devoción, su vínculo con el Gauchito Gil, la influencia de la creencia católica de su familia, los milagros que lo marcaron y sus proyectos de establecer un santuario, y un lugar abierto a la comunidad.

“Mis padres, pero principalmente mi mamá era muy creyente, católica. Ella me inculcó el respeto por las creencias y por la fe”, comenzó Quintero al explicar sobre su historia de vida. Nació y se crió hasta adolescente en un pueblo llamado San Pedro, en el Valle de Traslasierra, de la provincia de Córdoba. Se casó y tuvo hijos de muy joven, cuando tenía cerca de 20 años. Cuando se separó, decidió venir a vivir a Santiago del Estero y donde hace 38 años que reside.

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Desde niño y hasta hoy en día, viaja seguidamente a Corrientes, donde mantiene un fuerte vínculo de devoción al Gauchito Gil. Pero un episodio fuertemente emotivo lo movilizó tanto, que fue el momento clave que marcó su vida y la de su familia, para establecer su devoción a San La Muerte.

Su sobrino, ahijado e hijo de su única hermana, sufría de pequeño una fuerte enfermedad y no había esperanzas desde la medicina para revertir la situación. “En ese momento, no dudé y dediqué mis oraciones desde lo más profundo. Le pedí a San La Muerte que se sane y se salve. Una noche, estaban en su casa, fui llevé agua bendita y recé por él, a los días mejoró. Hoy en día tiene 33 y va a cumplir 34 años. Se salvó”, relató emocionado Daniel.

Desde ese momento, su devoción a esta figura se mantuvo intacta. Y es así cómo decidió con el tiempo establecer este lugar, construir las figuras en honor al Gauchito Gil y a San La Muerte.

Al ser consultado sobre su opinión acerca de la gente que no está de acuerdo con esta figura gigantesca o con la devoción hacia San La Muerte, remarcó: “Yo respeto la opinión de las personas y respeto todas las religiones, las creencias. Cada quien sabe a quién quiere sentir, o cómo puede conectarse con Dios. Yo solamente tengo este espacio que decido brindarle a las personas que lo necesiten. He podido ayudar a muchos que estaban atravesando momentos difíciles de salud. Pero también depende de lo fuerte que te aferres a la oración, a sentir desde lo más profundo de tu corazón y pedir. Este lugar es para la sanación, es para el bien. Aquí no se hace el mal, ni se hace ningún tipo de sacrificio ni se lastima animales, ni se derrama sangre”.

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