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La Provincia Informe Especial: Pierre desde los ojos de los otros, episodio 1

El niño que escuchó al mar

Cada domingo, un recorrido por un entramado de distintos testimonios sobre el sacerdote, que marcó la vida de muchas familias. Desde su misión evangelizadora, su lucha inigualable contra el mal en un exorcismo y hasta su eterno legado.

Privilegiados sean aquellos que han conocido el mal en persona, pues solamente de esa manera sabrán en fiel conciencia de que el bien existe Pierre

Según varios testimonios, casi siempre se lo podía ver recorriendo las calles con su sotana, con un porte y una presencia únicas. Eso generaba un primer impacto, luego los que podían dialogar con él, les llamaba la atención su acentuación particular que expresaba tener orígenes en otro tipo de idioma. El sacerdote Pedro Fils Pierre sí que dejó una huella imborrable en Santiago del Estero, principalmente en la comunidad creyente y en la ciudad de La Banda, donde destacó su misión pastoral. A lo largo de estos informes, recorreremos momentos de su vida, de su carrera, desde las miradas y testimonios de personas que lo conocieron.

Fue un sacerdote católico de origen haitiano e ingeniero civil que dejó una huella profunda en Santiago del Estero, Argentina. Es especialmente recordado por su labor pastoral y por encabezar un famoso exorcismo en la ciudad de La Banda en 1984.

 

Orígenes

Pedro Fils Pierre nació en Gonaïves, Haití, el 11 de febrero de 1937. Se graduó como ingeniero civil en la Universidad Estatal de Puerto Príncipe antes de llegar a Argentina en la década de 1960 para trabajar en la Corporación del Río Dulce.

Desde muy niño, demostró su inteligencia y su facilidad para el estudio y los deportes, destacándose como un gran nadador, y ya en su juventud ganó un concurso universitario de pulseadas en la isla.

Hizo la escuela primaria en el Colegio de los Hermanos del Sagrado Corazón y en la misma ciudad la secundaria. Su capacidad le facilitó las cosas y logró lo que no todos consiguen en su país: realizar una brillante carrera universitaria y graduarse como ingeniero civil en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Estatal en Puerto Príncipe.

 

Un amanecer lejano

La memoria de un hombre santo no comienza en los altares, sino en el polvo cotidiano de sus primeros pasos. Mucho antes de que su figura se recortara contra el horizonte de los barrios santiagueños, el pequeño Pedro Fils Pierre descubría el mundo bajo un cielo muy distinto. Su infancia estuvo cobijada por el rumor de geografías lejanas y el calor de un hogar donde la fe no era una palabra abstracta, sino el pan de cada día. Allí, entre los juegos propios de la niñez y las primeras responsabilidades, comenzó a moldearse una sensibilidad única hacia el dolor y las esperanzas ajenas.

En el seno de una familia trabajadora, donde los recursos solían ser medidos, pero el amor resultaba inagotable, Pedro aprendió el valor de la dignidad y el esfuerzo compartido. Pero su vocación sacerdotal llegaría mucho tiempo después, primero encontraría en su camino la carrera de ingeniería, de la cual se graduaría con destacadas calificaciones. Desde su infancia y adolescencia, su vida comenzaría a moldearse, marcada por la cercanía a las necesidades más bajas y cruentas, donde pudo ver como protagonista los estragos del hambre y la miseria, como enfermedades, desazón, tristeza y muchas más oscuridades.

En diálogo con Nuevo Diario, uno de los primeros testimonios recabados, el de Gustavo Navarrete, miembro del grupo de servidores “Padre Pierre”, sostiene que aquel párroco no era como cualquiera. “Me acuerdo de que yo era niño, habré tenido entre 9 y 10 años, y un grupo de jóvenes que comenzó a recorrer los barrios llegó a mi casa y nos invitaron a acercarnos a la iglesia. De a poco, varias familias fuimos a conocerlo. Era llamativo y raro, porque además de su porte, estatura, tenía una manera de hablar fuera de lo común”, cuenta Gustavo.

Cuando lo vieron, además de su tamaño y de su gentileza, que llamaban fuertemente la atención, su dificultad por hablar claramente el español también les causaba un asombro particular. “Imaginate, éramos muchos niños y adolescentes, y no entendíamos por qué hablaba raro. Fue el primero en acercarse a los barrios, a formar los grupos de jóvenes que acercaban a las familias a la iglesia”, dijo.

 

Primeros testimonios

Uno de los primeros testimonios, como mencionamos anteriormente, es el de Gustavo Navarrete, miembro del grupo de servidores que lleva el nombre de Padre Pedro Fils Pierre. “Cuando era la capilla Los Lagos, que luego se conoció como Capilla San Cayetano (en dicho sector de la ciudad de La Banda), había un grupo de jóvenes llamado Juan XXIII en la ciudad. Ellos tenían la misión de evangelizar por distintos barrios de la ciudad, para noviembre del año 1979. Y terminar en diciembre con el pesebre”, contó.

A su vez, en su relato, recuerda: “Este grupo de jóvenes se presentó prácticamente casa por casa, en una de esas la mía, y nos invitaron a que vayamos a la capilla. Que recién se estaba conformando una comisión estable para poder mantenerla, y allí estaba el padre Pierre”.

En esos momentos, la figura del párroco ya comenzaba a causar presencia, más en dichos barrios donde no era muy común ver a un sacerdote recorrer estos lugares, mucho menos con su sotana.

“Yo tenía 9 años para 10, y me acuerdo muy bien de todo eso. Este grupo de jóvenes, por la tarde, nos hacía ensayar para el pesebre; luego hacíamos actividades recreativas. Y compartíamos lindas tardes. Entonces unían a las familias, invitaban a las escuelas, la idea de esos momentos era unir a las comunidades en estos eventos. Y nos invitaban para las misas los domingos. Un día hemos venido con mi familia, y ahí conocimos al padre Pierre. Y más me llamaba la atención lo raro en la forma en que hablaba. Se trababa para expresarse, para hacerse entender. Siempre andaba con su sotana grisácea, por todos lados andaba así y eso también era llamativo”, agregó.

 

Su figura evangelizadora

Además de un impacto en la comunidad para diferentes actividades y dinámicas, el planteo de otros vínculos y la formación de grupos juveniles que evangelizaban, la presencia de Pierre también generó algo muy importante en cada una de las personas. En particular, según expresó Gustavo, “en nosotros también generó algo muy diferente su presencia. A través de él, empezando por mí que era un niño, muchos nos hemos ido soltando o entendiendo varias cosas de la vida que nos parecían lejanas o extrañas, o incluso ni siquiera se planteaban en la mesa de una familia. Por ejemplo, nos preguntábamos qué tomaba el sacerdote cuando hacía la ceremonia de consagración. Era como algo misterioso; él ha conseguido naturalizar cuestiones o temas que antes no entendíamos”.

A su vez, siguió: “Como chicos de barrio, no teníamos la llegada a ver el mundo de otras maneras, y él nos acercaba a eso. Porque se notaba que era un hombre muy sabio, culto, leído y que conocía del mundo. Y eso, en barrios con tantas necesidades como lo era el mío y los cercanos en ese momento, es algo muy extraño.

 

 

Un destino grabado

Gustavo Navarrete, miembro del grupo de servidores
Gustavo Navarrete, miembro del grupo de servidores "Padre Pierre"
Pedro llevaba el legado incalculable de sus raíces familiares: la fe, la humildad y la cultura del trabajo. Ese niño que solía contemplar el horizonte, preguntándose qué habría más allá de las fronteras conocidas, comenzaba a transitar el sendero de los elegidos. Su infancia no se cerraba como un capítulo olvidado, sino que se integraba como el cimiento más sólido sobre el cual se edificaría su madurez pastoral. Cada anécdota del barrio, cada enseñanza de sus padres y cada vivencia de fe pueblerina serían el combustible espiritual para los años venideros.

Hoy, al repasar los orígenes del Padre Pedro Fills Pierre, se comprende que su llegada a Santiago del Estero no fue una mera casualidad geográfica, sino el diseño de un plan superior. Aquel niño lejano ya contenía, en la pureza de sus primeros años, al pastor incansable que las comunidades de la provincia adoptarían para siempre como un hijo propio. La serie que hoy comienza en estas páginas invita a recorrer, domingo a domingo, la huella imborrable de un hombre que transformó el amor en acción y la fe en un legado eterno.

En ese recorrido, hoy se sigue tejiendo sin fronteras calculables un relato, formado por testimonios de personas que lo conocieron. Desde miembros de grupos carismáticos de jóvenes, un grupo de servidores que llevan su nombre y hoy en día siguen activos con más de 30 años de asistencia, hasta familias a las que les cambió la vida para siempre. Desde su misión evangelizadora, su lucha inigualable contra el mal en un exorcismo que conmocionó a la provincia y hasta su eterno legado. Todo eso y detalles que nunca antes fueron contados, ni publicados, abordaremos en estos informes. Incluso eso será poco para conocer y abarcar la figura que significa aún hoy Pierre, desde la mirada de los otros.

Por WEC

(Ilustrador digital, periodista y productor audiovisual)

Pedro Fils Pierre Informe especial
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