El hermano Christian Vizcardi, llegado desde Italia hace más de dos décadas como parte de la Obra de la Misericordia, encontró en este barrio el lugar donde desarrollar una misión que transformó la vida de cientos de personas.
Vecinos destacan que su mayor virtud es la cercanía. "Tiene una personalidad muy especial, es muy afectuoso, muy honesto y sabe llegar tanto a los chicos como a los grandes", describen. Su presencia cotidiana hizo del Hogar de Cristo un verdadero punto de encuentro para toda la comunidad. Los vecinos recordaron que él siempre dice: "A pesar de tener a mi familia lejos, aquí me siento en familia con ustedes".
Desde hace ocho años, el Hogar de Cristo ofrece actividades que van mucho más allá del acompañamiento a personas con consumos problemáticos. Allí funcionan espacios de apoyo escolar, catequesis, talleres de costura, manualidades, percusión, guitarra, deportes y distintas propuestas para niños, jóvenes y adultos. El movimiento comienza muy temprano y se extiende hasta la noche, convirtiéndose en un lugar de referencia para el barrio.
Quienes trabajan junto al hermano Christian aseguran que su legado está marcado por la misericordia, la escucha y la presencia permanente. Recuerdan que siempre está dispuesto a acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles, incluso durante la madrugada cuando alguna familia o algún joven necesita ayuda urgente.Sin embargo, cuando se les pregunta qué es lo que más valoran del barrio, la respuesta es casi inmediata: la solidaridad. "Cuando un vecino necesita ayuda, siempre aparece alguien dispuesto a colaborar", cuentan. Esa capacidad de acompañarse en los momentos difíciles, sumada al trabajo silencioso de personas comprometidas con la comunidad, explica por qué La Católica es mucho más que un barrio: es una familia que sigue escribiendo su historia con esfuerzo, compromiso y esperanza.