Las intervenciones en el cauce del Río Dulce eran ya habituales antes de la llegada de los españoles, pero se intensificaron con la administración colonial desde 1577 cuando el gobernador Gonzalo de Abreu manda a construir una acequia para regar las quintas de la ciudad de Santiago del Estero. Cada año, tanto la toma de agua sobre el río a la altura del actual barrio Lomas del Golf, como la acequia en toda su extensión, sufría con las crecientes de verano roturas en grado parcial o total. Recién a partir de 1650 se fortalece su trazado convirtiendo su servicio en permanente con una administración y un padrón levantado en 1680.
Pero el principal problema para los españoles no fue el riego sino la defensa de la ciudad capital la Gobernación y las Villas de Loreto, Soconcho y Salavina de los embates de las crecidas de verano, fruto de las cuantiosas lluvias y de los deshielos de los Andes. En el verano, el sinuoso cauce del Dulce se reconfiguraba a su gusto y en particular los años en los que las lluvias eran extraordinariamente abundantes, como el que hoy estamos viviendo los santiagueños del 2026.
Son muchos los relatos que las Actas del Cabildo de Santiago del Estero documentaron sobre estos fenómenos naturales y sus consecuencias, pero hubo en 1822, nos relata Lorenzo Fazio en sus Memorias descriptivas, un acontecimiento que sin duda cambio la suerte del corazón productivo, político y cultural de la provincia en sus orígenes, y que consistió en un cambio de trazado del río Dulce a la altura del pueblo de Sumamao, desviando su curso hacia el oeste, pasando por la actual ubicación de Loreto y desaguando por el curso del río Nambi en las salinas de Ambargasta.
Este capricho de la naturaleza dejo sin agua, sin ganadería y sin agricultura a los pueblos más ricos de la joven provincia. Los mayores aportantes de impuestos, de soldados y de intelectuales para la defensa de los intereses provinciales provenían de estos poblados y de la floreciente comunidad de Villa Matará en las costas del río Salado. Sin duda esta fue la razón del inicio de un largo proceso de migración y de la instalación de un discurso que calara hondo en el imaginario del pueblo santiagueño signado por el fantasma de la pobreza y el desarraigo.
Hacia finales del siglo XIX y luego de 70 años de sequías el gobernador Absalón Rojas contrata al empresario Pedro San Germain para cavar el canal de Tuama para devolver el cauce del Río Dulce a su antigua traza y detener así el deterioro económico y social de los pueblos del sur santiagueño. El proyecto tuvo un efímero éxito ya que las obras no se calcularon bien y en vez de recuperar la economía provocaron en los años 1907 y 1908 la destrucción total de Loreto y graves daños a las poblaciones restantes.
Por otro lado, la Madre de Ciudades venía dando batalla a las inundaciones con bordos y compuertas. En 1873 un ingeniero de apellido Montenach propone la construcción de un dique y canal en la localidad de La Cuarteada, aguas arriba de la ciudad capital. Este proyecto también tuvo un resultado no deseado, ya que en vez de desviar parte del caudal hacia el Río Salado, produjo una histórica inundación en las estancias de lo que hoy ocupan los lotes de la Colonia El Simbolar.
Este proyecto fue corregido años más tarde por el ingeniero Carlos Cassaffousth que además incorporó el cemento a las compuertas y derivadores de nuevos canales para el departamento Banda.
Paulatinamente y potenciadas por nuevos materiales y nuevos medios de transporte, las obras tuvieron un mayor impacto. Gobernantes y empresarios fueron proponiendo proyectos más ambiciosos que al mismo tiempo mejoraron las defensas de los centros urbanos y convirtieron al recurso agua de algo indómito a un pretencioso sistema de caudales y tiempos previsibles.
Así se ejecutaron las obras de la primera costanera de piedra y cemento, el canal San Martín y luego el sifón que terminó con el problema de la toma directa que periódicamente colapsaba; el Azud nivelador y toma de Los Quiroga;y una red de canales y compuertas de hierro y cemento. Estas obras se coronaron con el megaproyecto del Dique de Termas de Río Hondo, inaugurado en 1967.
Estas importantes obras tuvieron consecuencias, algunas de ellas largamente anheladas como lo hemos constatado en los últimos días, suavizando el impacto de las crecidas en ciudades más pobladas, otras involuntarias destruyendo pueblos que se pretendían favorecer como el caso de la Villa vieja de Loreto, o cegadas por el centralismo de antiguas administraciones que desviaron gran parte del caudal y dejaron secar las praderas sureñas, las más ricas de la economía colonial.
Estas fuertes intervenciones impulsadas por el progreso y la ciencia fueron también responsables de impactos en el equilibrio ambiental de la extensa geografía santiagueña y en consecuencia, en la existencia de recursos para el desarrollo de actividades productivas y comerciales que daban sustento a las comunidades más pobladas y desarrolladas durante los siglos coloniales y el comienzo de la historia provincial autónoma.
Consecuencia de esos cambios ecológicos y económicos los números de la emigración se dispararon y sostuvieron durante más de dos siglos, siendo esta variable demográfica una asignatura pendiente a trabajar con estimaciones y relevamientos de la administración colonial, y censos nacionales a partir del primero realizado durante la presidencia de Domingo Sarmiento en 1869.
Pensar lo que nuestros predecesores hicieron con el Río Dulce es un ejercicio que estamos obligados a realizar con cualquier excusa. Ahora nos moviliza esta crecida histórica, es una buena oportunidad para que utilicemos todos estos ejemplos de la historia como un diagnostico prudente y un ejercicio de reflexión y cooperación entre todos los santiagueños.
En la biblioteca y archivo del Área de Historia de la Dirección General de Patrimonio Cultural, dependiente de la Subsecretaria de cultura del Gobierno de la Provincia, ubicada en Belgrano Sur 555. Bibliografía: 1885 Gancedo, Alejandro; Memoria Descriptiva de Santiago del Estero. 1889 Fazio, Lorenzo; Memoria Descriptiva de Santiago del Estero. 1942 Michaud, Carlos; Regadíos de Santiago del Estero. 1960 López, Torcuato; Mapa catastral de la provincia de Santiago del Estero. 1992 Alen Lescano, Luis; Historia de Santiago del Estero, Plus Ultra, Buenos Aires. 2013 Rossi, María; Nueva Revista del Archivo Histórico, Pueblos de Indios sobre el Dulce.