Luis Escañuela, párroco de Sagrado Corazón de Jesús, brindó ayer un mensaje a los damnificados por la crecida de los ríos Dulce y Salado.
No están solos
"Frente a las inundaciones que están afectando a numerosas familias y comunidades de nuestra querida provincia de Santiago del Estero, queremos como Iglesia acercar una palabra de cercanía, consuelo, aliento y esperanza", introdujo, en diálogo con Nuevo Diario.
Según Escañuela, "cuando el agua entra en los hogares, no solo destruye y se pierden cosas materiales; también hay momentos de angustia, incertidumbre, desesperación y cansancio"; no obstante, "en medio de estas pruebas también aparece lo más hermoso de nuestro pueblo, de nuestras raíces: la solidaridad, la mano tendida al vecino, la comunidad que se une para ayudar".
"Como comunidad cristiana queremos decirles a todas las familias afectadas que no están solas, que no se sientan desamparadas y abandonadas. Caminamos con ustedes, rezamos por ustedes y compartimos su dolor y su angustia. Que el Señor de los Milagros de Mailín les conceda fortaleza para atravesar este momento difícil y que la Virgen de Sumampa los cubra con su manto de protección", pidió.
Por último, el párroco anheló "que esta prueba nos encuentre más unidos como hermanos, ayudándonos unos a otros, para que juntos podamos volver a levantarnos con esperanza".
"Que no decaigan las manos solidarias y que no solo compartamos bienes materiales, sino que también sepamos dar nuestro corazón a quienes hoy claman la ayuda de Dios y nuestra atención", finalizó.